martes, abril 28, 2009

La gripe porcina y el monstruoso poder de la gran industria pecuaria

Mike Davis*
Sin Permiso

28 de abril de 2009

Traducción: Marta Domènech y María Julia Bertomeu
Original en inglés: The Guardian, 27 de abril de 2009

Nuestro amigo y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO Mike Davis, cuyo libro El monstruo llama a nuestra puerta (trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006) alertó lúcida y brillantemente del peligro de una gripe aviar pandémica de alcance mundial, explica ahora cómo la gran industria pecuaria globalizada ha sentado las bases para un más que preocupante brote de gripe porcina en México.

La gripe porcina mexicana, una quimera genética probablemente concebida en el cieno fecal de una gorrinera industrial, amenaza subitáneamente con una fiebre al mundo entero. Los brotes en la América del Norte revelan una infección que está viajando ya a mayor velocidad de la que viajó con la última cepa pandémica oficial, la gripe de Hong Kong en 1968.

Robándole protagonismo a nuestro último asesino oficial, el virus H5N1, este virus porcino representa una amenaza de ignota magnitud. Parece menos letal que el SARS [Síndrome Respiratorio Agudo, por sus siglas en inglés] en 2003, pero, como gripe, podría resultar más duradera que el SARS. Dado que las domesticadas gripes estacionales de tipo A matan nada menos que a un millón de personas al año, incluso un modesto incremento de virulencia, especialmente si va combinada con una elevada incidencia, podría producir una carnicería equivalente a una guerra importante.

Ello es que una de sus primeras víctimas ha sido la consoladora fe, inveteradamente predicada por la Organización Mundial de Salud (OMS), en la posibilidad de contener las pandemias con respuestas inmediatas de las burocracias sanitarias e independientemente de la calidad de la sanidad pública local. Desde las primeras muertes por H5N1 en 1997, en Hong Kong, la OMS, con el apoyo de la mayoría de administraciones nacionales de sanidad, ha promovido una estrategia centrada en la identificación y el aislamiento de una cepa pandémica en su radio local de brote, seguidos de una masiva administración de antivirales y –si disponibles— vacunas a la población.

Una legión de escépticos ha criticado ese enfoque de contrainsurgencia viral, señalando que los microbios pueden ahora volar alrededor del mundo –casi literalmente en el caso de la gripe aviar— mucho más rápidamente de lo que la OMS o los funcionarios locales puedan llegar a reaccionar al brote original. Esos expertos han observado también el carácter primitivo, y a menudo inexistente, de la vigilancia de la interfaz entre las enfermedades humanas y las animales. Pero el mito de una intervención audaz, preventiva (y barata) contra la gripe aviar ha resultado valiosísimo para la causa de los países ricos que, como los EEUU y el Reino Unido, prefieren invertir en sus propias líneas Maginot biológicas, antes que incrementar drásticamente la ayuda a los frentes epidémicos avanzados de ultramar. Tampoco ha tenido precio este mito para las grandes transnacionales farmacéuticas, enfrentadas en una guerra sin cuartel con las exigencias de los países en vía de desarrollo empeñados en exigir la producción pública de antivíricos genéricos clave como el Tamiflu patentado por Roche.

La versión de la OMS y de los centros de control de enfermedades, de acuerdo con la cual ya se está preparado para una pandemia, sin mayor necesidad de nuevas inversiones masivas en vigilancia, infraestructura científica y regulatoria, salud pública básica y acceso global a fármacos vitales, será ahora decisivamente puesta a prueba por la gripe porcina, y tal vez averigüemos que pertenece a la misma categoría de gestión "ponzificada" del riesgo que los títulos y obligaciones de Madoff. No es tan difícil que falle el sistema de alertas, habida cuenta de que, sencillamente, no existe. Ni siquiera en la América del Norte y en la Unión Europea.

Tal vez no sea sorprendente que México carezca tanto de capacidad como de voluntad política para gestionar enfermedades avícolas y ganaderas, pero ocurre que la situación apenas es mejor al norte de la frontera, en donde la vigilancia se deshace en un desdichado mosaico de jurisdicciones estatales y las grandes empresas pecuarias se enfrentan a las regulaciones sanitarias con el mismo desprecio con que suelen tratar a los trabajadores y a los animales. Análogamente, una década entera de advertencias de los científicos fracasó en punto a garantizar transferencias de sofisticada tecnología viral experimental a los países situados en las rutas pandémicas más probables. México cuenta con expertos sanitarios de reputación mundial, pero tiene que enviar las muestras a un laboratorio de Winnipeg para descifrar el genoma de la cepa. Así se ha perdido toda una semana.

Pero nadie menos alerta que las autoridades de control de enfermedades en Atlanta. De acuerdo con el Washington Post, el CDC [siglas en inglés del Centro de Control de Enfermedades, radicado en Atlanta; T.] no se percató del brote hasta seis días después de que México hubiera empezado a imponer medidas de urgencia. No hay excusa que valga. Lo paradójico de esta gripe porcina es que, aun si totalmente inesperada, había sido ya pronosticada con gran precisión. Hace seis años, la revista Science consagró un artículo importante a poner en evidencia que, "tras años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de la América del Norte ha dado un salto evolutivo vertiginoso".

Desde su identificación durante la Gran Depresión, el virus H1N1 de la gripe porcina sólo había experimentado una ligera deriva desde su genoma original. Luego, en 1998, una cepa muy patógena comenzó a diezmar puercas en una granja de Carolina del Norte, y empezaron a surgir nuevas y más virulentas versiones año tras año, incluida una variante del H1N1 que contenía los genes internos del H3N2 (causante de la otra gripe de tipo A que se contagia entre humanos).

Los investigadores entrevistados por Science se mostraban preocupados por la posibilidad de que uno de esos híbridos pudiera llegar a convertirse en un virus de gripe humana –se cree que las pandemias de 1957 y de 1968 fueron causadas por una mezcla de genes aviares y humanos fraguada en el interior de organismos porcinos—, y urgían a la creación de un sistema oficial de vigilancia para la gripe porcina: admonición, huelga decirlo, a la que prestó oídos sordos un Washington dispuesto entonces a tirar miles de millones de dólares por el sumidero de las fantasías bioterroristas.

¿Qué provocó tal aceleración en la evolución de la gripe porcina? Hace mucho que los virólogos están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de la China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la "deriva" estacional como del episódico "intercambio" genómico. Pero la industrialización granempresarial de la producción pecuaria ha roto el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. El sector pecuario se ha visto transformado en estas últimas décadas en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la feliz granja familiar que pintan los libros de texto en la escuela.

En 1965, por ejemplo, había en los EEUU 53 millones de cerdos repartidos entre más de un millón de granjas; hoy, 65 millones de cerdos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso ha significado pasar de las anticuadas pocilgas a ciclópeos infiernos fecales en los que, entre estiércol y bajo un calor sofocante, prestos a intercambiar agentes patógenos a la velocidad del rayo, se hacinan decenas de millares de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.

El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la "producción animal en granjas industriales", en donde se destacaba el agudo peligro de que "la continua circulación de virus (…) característica de enormes piaras, rebaños o hatos incremente las oportunidades de aparición de nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos". La comisión alertó también de que el promiscuo uso de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos— estaba propiciando el auge de infecciones estafílocóquicas resistentes, mientras que los vertidos residuales generaban brotes de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoo que mató a mil millones de peces en los estuarios de Carolina y contagió a docenas de pescadores).

Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patógeno tendría que enfrentarse con el monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaran con la comisión.

Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sureste asiático, es lo más probable que la epidemiología forense del brote de gripe porcina se dé de bruces contra la pétrea muralla de la industria del cerdo.

Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca una acusadora pistola humeante: ya corre el rumor en la prensa mexicana de un epicentro de la gripe situado en torno a una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante –sobre todo por la persistente amenaza del virus H5N1— es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la OMS, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente desquiciada.

* Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

Traducción para w
ww.sinpermiso.info: Marta Domènech y María Julia Bertomeu.

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sábado, marzo 21, 2009

Socialdemocracia con aroma liberal

Héctor Díaz-Polanco*
Rebelión
18 de marzo de 2009

“En América latina se perfila una peculiar neosocialdemocracia, versión criolla de la socialdemocracia europea, fundada aquí en un liberalismo (extremadamente conservador) con la consistencia viscosa del nopal. Dos características la destacan: su afán de hacer compatible —no es broma— el liberalismo con el socialismo, y el hecho de que todas sus baterías tienen como blanco a la izquierda, de tal modo que lo fundamental de sus discursos (y a menudo de sus abiertas diatribas) están dirigidos no contra las tendencias de derecha y los gobiernos de ese signo, sino precisamente contra la izquierda radical y aún los proyectos progresistas que proponen reformas sociales frente al neoliberalismo”.

A menudo una obra nos revela más sobre el autor que sobre el objeto de su análisis. El libro de Enrique Krauze El poder y el delirio (1) es un intento de desmitificar la figura de Hugo Chávez y criticar su política de gobierno, de la que, según aquél, prácticamente no se salva nada. La crítica es fallida y la desmitificación se empantana en descalificaciones sin fin. Pero el trabajo resulta un ilustrativo compendio de los prejuicios del autor. Nos instruye además sobre los empeños de la empresa que dirige, Letras Libres, y, de paso, del grupo “socialdemócrata” que a últimas fechas está tratando de influir no sólo en el curso de la política nacional, sino también en otros países como Venezuela.

De la Tercera vía a la neosocialdemocracia

Krauze representa de manera destacada a un grupo que, a nombre del liberalismo, quiere intervenir en los procesos políticos para secundar posiciones muy conservadoras, pero arropándose en una bandera aparentemente democrática e incluso con el marbete de la “izquierda”. No es, desde luego, el primer intento de este tipo. Inmediatamente nos viene a la memoria la corriente que hace unos lustros se asimilaba a los propósitos de la llamada “Tercera vía”. A fines de los noventa, ese enfoque cobró fuerza en Inglaterra y Estados Unidos, bajo las respectivas administraciones de Anthony Blair y William Clinton. Se trataba de una “nueva” línea política que pretendía diferenciarse por igual de la tradición socialista y del liberalismo consagrado. Se criticaba a ambos y se planteaba una supuesta tercera opción que, en realidad, ponía el énfasis en los principios liberales “renovados”. El barniz democrático se fundó en las orientaciones de Anthony Giddens, el laureado profesor británico de la London School of Economics, cuyas ideas fueron sintetizadas en un libro celebrado (2). Este sociólogo proporcionó la plataforma teórica y académica al proyecto del entonces primer ministro británico Anthony Blair, quien se convirtió en el político emblemático de la Tercera vía. El planteamiento, en suma, era recuperar lo mejor del liberalismo y agregarle otros elementos que resultaban de los desafíos de la globalización en marcha. Como ha ocurrido con otras “renovaciones” del liberalismo, la criatura resultó totalmente liberal. No se trataba de construir una visión socialista renovada, sino de proponer un liberalismo de nuevo cuño. Las innovaciones quedaron en el camino; y en la práctica todo aquello fue, más que una ruptura, la continuación de las políticas neoliberales de Margaret Thatcher (3). Esto quedó claro durante el gobierno de Clinton, con quien Blair coincidió y colaboró en las peores aventuras (incluida la agresión armada y la destrucción de Yugoslavia); y adquirió ribetes grotescos con la llegada al gobierno de George W. Bush, a quien se subordinó en todo el campeón de la Tercera vía (comprendiendo la invasión de Irak, violando abiertamente el derecho internacional).

Sin embargo, sectores políticos mexicanos (incluso dentro del PRD) e intelectuales deseosos de establecer distancia respecto a la izquierda “revolucionaria” o “socialista”, se aferraron a los tópicos de la Tercera vía. El expediente era cómodo, pues se podía abjurar de la izquierda y sus proyectos de cambios, y seguir utilizando al menos parte de su prestigiosa etiqueta. En el resto de América Latina, corrientes neoliberales se adhirieron también con entusiasmo. Surgió así una peculiar neosocialdemocracia, versión criolla de la socialdemocracia europea, fundada aquí en un liberalismo (extremadamente conservador) con la consistencia viscosa del nopal. Dos características la destacan: su afán de hacer compatible —no es broma— el liberalismo con el socialismo, y el hecho de que todas sus baterías tienen como blanco a la izquierda, de tal modo que curiosamente lo fundamental de sus discursos (y a menudo de sus abiertas diatribas) están dirigidos no contra las tendencias de derecha y los gobiernos de ese signo, sino precisamente contra la izquierda radical y aún los proyectos progresistas que proponen reformas sociales frente al neoliberalismo.

Este fenómeno es digno de atención, pues no sólo involucra a Letras Libres sino también a otras revistas mensuales (como Nexos, bajo la dirección de Héctor Aguilar Camín y otros). De hecho, con algunas excepciones, las publicaciones de este tipo están dedicadas a la tarea de combatir a la izquierda. Se trata de elaborar prédicas para la izquierda, indicándole lo que no debe ser y en lo que debería convertirse. El leimotiv es que la izquierda debe ser “moderna”; debe abandonar sus históricos objetivos fundamentales (como, por ejemplo, insistir en la búsqueda de la igualdad social y en nuevas formas de participación democrática). Si se trata de la justicia, ésta debería ser, digamos, adobada con otros planteamientos procedentes del enfoque construido por John Rawls y otros liberales, quienes sostienen que una sociedad puede abrigar desigualdades y, no obstante, puede ser justa. La idea fundamental es que la izquierda, sus organizaciones y desde luego sus intelectuales, deben abandonar todo radicalismo, morigerado por los sanos principios liberales. Deben ser “institucionales”, aunque esas instituciones conspiren contra la igualdad, la justicia y aún contra las propias leyes y principios que les dan vida. Opinan que la política se debe dirimir entre partidos y sin intervención de la masa popular, pues ésta siempre tiene una irrupción negativa, inadecuada y hasta peligrosa. No se debe promover la movilización social, casi sin excepción. Es decir, la política debe hacerse entre los profesionales de la política. Es perniciosa la participación abierta de la sociedad (especialmente de sus sectores más empobrecidos o marginados) en los asuntos públicos importantes (económicos o políticos). La democracia debe ser representativa, estrictamente hablando. Se debe rechazar cualquier forma de participación popular, excepto para depositar el voto cada cierto tiempo. Por supuesto, se deben dejar de lado los pruritos de la izquierda que coquetea con las reivindicaciones de ciertos sectores populares, como los pueblos indígenas y sus derechos, considerados como anacrónicos y perniciosos.

La “izquierda liberal” en México

En el caso de México, se observaron varios de estos moldes ideológicos orientando el comportamiento de esa corriente cuando el país se enfrentó a una de las elecciones más desaseadas y fraudulentas de que se tenga memoria. La posición que adoptó el grupo compacto (neo)socialdemócrata y sus seguidores durante los comicios presidenciales de 2006, fue memorable. Sostuvieron la idea de que no había ninguna prueba de fraude electoral. Se podían alegar “irregularidades”, pero no fraude. Por tanto, toda resistencia era una manifestación de irresponsabilidad política, típica de una izquierda no moderna, desorientada y resentida. Era monstruoso salir a la calle (este es considerado un pecado político mayor) para protestar contra el fraude. Desde luego estuvieron en contra del plantón realizado en el Zócalo y la Avenida Reforma de la ciudad de México, que sólo buscaba lo que cualquier liberal que fuese consecuente con la defensa del derecho al voto debía exigir: claridad sobre el sentido de la voluntad popular (incluyendo el recuento voto por voto, si era necesario) o, en su caso, anulación de la elección. Insistieron en que no había pruebas de irregularidades graves y, por ende, no se sostenía la demanda que exigía la limpieza del proceso electoral, pero ninguno hizo esfuerzo consistente alguno para acopiarse pruebas propias de lo contrario (para lo cual, como intelectuales y académicos reconocidos, se supone estaban especialmente dotados).

Lo suyo no era buscar pruebas o atender a las evidencias que iban saliendo, sino defender a las “instituciones” (el IFE, especialmente) contra viento y marea. Cuando tiempo después José Antonio Crespo, un intelectual que se tomó en serio su responsabilidad, demostró que la información disponible a partir de las actas no permitía saber quién ganó la elección en 2006 (por lo que no podía declararse ganador a ninguno de los punteros) y que al menos se había cometido un fraude contra la ley (en la decisión tomada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) (4), todos los “abajo firmantes” de las declaraciones que afirmaban la limpieza de la elección simplemente callaron y voltearon para otro lado. ¿Podría conjeturarse que si aquéllos hubieran hecho lo propio, cada cual desde su especialidad, el resultado pudo ser otro? Es imposible saberlo, pero al menos habrían hecho una contribución a la verdad, lo que no es poco.

Es interesante observar que la corriente referida incluye a ex miembros de la izquierda mexicana, otrora de fuerte talante radical, que ahora sostienen los principios liberales con singular entusiasmo, aunque bajo la nueva modalidad de buscar cierta mixtura con las ideas socialistas. Ser liberal puro no es prestigioso, por más que las élites y los círculos del poder hayan adoptado ese enfoque como su visión del mundo; o al menos en los últimos tiempos no garantiza buenos resultados políticos en el contexto de países como los nuestros. En cambio, una dosis controlada de ideas socialistas puede dar el tono conveniente; casi podría decirse que es garantía de lo políticamente correcto.

Un buen ejemplo es el grupo reunido por Letras libres para discutir el tema de la izquierda en abril de 2008: Roger Bartra, Ugo Pipitone, Jesús Silva-Herzog Márquez y José Woldenberg. El resultado de la mesa redonda, junto con otros textos, fue publicado bajo el título sintomático de “Ideas para la izquierda” (5). Hay varios puntos comunes en las posiciones del elenco. En primer lugar, la adhesión a la visión socialdemócrata, en algunos casos después de haber confesado una historia de vida con momentos de radicalidad, que culmina en la epifanía de un total abandono de ese pasado. Las intervenciones están salpicadas por lamentos ante el hecho de que la vía socialdemócrata no arraiga en el país (desazón, como se verá, compartida por Krauze); y sobre todo porque la mayoría de la izquierda que predomina en México no ha podido entender las grandes cualidades de aquella corriente política. En este sentido, Bartra dice que la salida socialdemócrata que él ha adoptado desde hace años “tiene muy poca tradición en México” y “es en buena medida una tradición frustrada”. En segundo lugar, es común la crítica mordaz y hasta grosera hacia toda izquierda situada fuera de los parámetros socialdemócratas que ellos han fijado. La izquierda se ve como “desesperada” (una especie de proyección freudiana), “populista”, “autoritaria” y en “proceso de evaporación” (Bartra). No obstante, al mismo tiempo se admite la vitalidad de la izquierda que, según Pipitone, desde hace décadas al menos “domina el escenario cultural“, y que “ha dejado de ser una opción política marginada” (Silva-Herzog Márquez).

El pecado de la izquierda dominante en el país es que, según estos autores, no se decide a asumir claramente su necesario complemento liberal. Y este es el tercer punto que recorre las opiniones de los analistas: es imperativo que la izquierda asimile los valores básicos del liberalismo. La izquierda requiere “el pavimento de la democracia liberal” (Silva-Herzog Márquez); y está obligada a “volver los ojos a las corrientes de pensamiento liberal” (Woldenberg). De hecho, ya colocados en este empeño, varios coinciden en que México requiere que también la derecha asuma el liberalismo: “estamos en peligro de que la tradición liberal tampoco encarne en la derecha” (Bartra), pues el país —completa Silva-Herzog Márquez— “necesita tanto una derecha liberal como una izquierda liberal”. Por lo visto, entonces, el pensamiento liberal tiene la peculiar cualidad de mejorar cualquier posición política. Presas de un universalismo insostenible, para los que así razonan, el liberalismo no es él mismo una posición política (además de socioeconómica y cultural) particular, sino un fantástico ingrediente universal que mezcla bien con todo.

El liberalismo en su laberinto

El historiador Krauze, en un texto incluido en el mismo número de la revista (“Rusia con palmeras”), coincide con los autores mencionados en la evaluación negativa de la izquierda radical (o “revolucionaria”). Su énfasis está puesto en la idea de que la única salida para América Latina es el liberalismo. Su obsesión es que los países latinoamericanos adopten los principios y valores del liberalismo. Y su perplejidad es que, no obstante todos los esfuerzos, los pueblos del continente (y México en especial) parecen inmunes a ese influjo. Para él, por lo visto, la actual revitalización de la izquierda en nuestra región es algo inexplicable y desesperante. Krauze parte de una pregunta: “¿Por qué, a través de la historia, no ha arraigado suficientemente el liberalismo entre nosotros?” Para dar respuesta, recurre a dos “explicaciones” que toma de uno de sus autores liberales favoritos: Isaiah Berlin. La primera dice que se debe a que “nuestros liberales [...] han estado poco dispuestos a recurrir a la violencia para imponer sus ideas”. Aceptando que así fuera (y dejando de lado que los liberales, una y otra vez en la historia, han hecho uso de la violencia cada vez que han podido para imponer sus proyectos), ¿está Krauze adhiriéndose a la tesis de que la violencia es factor esencial del éxito político, algo así como “la partera de la historia”? Como fuere, el hecho es que esta “explicación” tiene el problema de explicar poco. La segunda razón es que “los iberoamericanos, como los rusos, tienden a adoptar las ideologías revolucionarias, en particular el marxismo y sus variantes, con un fervor teológico”. Estas explicaciones, de carácter más psicosocial que histórico, sociológico o antropológico (y por tanto, extrañas en un historiador), tienen el problema de configurar una petición de principio, pues restaría explicar por qué “nuestros liberales”, los rusos y los iberoamericanos se comportan de esa peculiar manera. Tal vez la explicación se encuentre en otra parte: primordialmente en el carácter socioeconómico de nuestras sociedades, en nuestra matriz histórica y estructural, en donde el pensamiento liberal sólo puede ser el proyecto de una élite, la síntesis de los intereses de unas minorías. Pero esta trayectoria analítica es completamente ajena al pensamiento de nuestro historiador.

Más adelante, el autor agrega dos explicaciones adicionales. La de Gabriel Zaid (utilizada por éste en los ochenta para explicar lo que ocurría en países como Nicaragua): el marxismo ha logrado arraigar por su “legitimación académica” que, según él, comenzó con la “bendición de Sartre”, lo que derivó en la “adscripción universitaria del marxismo”. Pero, dado que la mayoría de los liberales son también universitarios y disputan con ventaja, frente al marxismo, la preeminencia en la academia, la explicación igualmente se queda corta y dando vuelta en círculo. (¿Por qué el marxismo logra mayor arraigo universitario y legitimación académica?). La otra es de Octavio Paz. ¿Qué explica la “tenaz persistencia” de las ideologías revolucionarias en la “intelligentsia latinoamericana”? La “falta de critica y autocrítica”, responde Paz. Así que, según esto, un defecto gnoseológico o epistemológico dilucida el asunto: incapaz de darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor (por ejemplo, la caída del muro de Berlín, el afianzamiento neoliberal a partir de los noventa, etc.), la izquierda sigue en su curso revolucionario como si nada hubiera pasado. Aquí ni siquiera se explora qué pulsaciones concretas y persistentes, sociopolíticas y económicas, pudieran descifrar la terca perseverancia de la izquierda (que se da perfectamente cuenta de lo que ocurre).

Agotadas las explicaciones, Krauze concluye con pesadumbre: “En México esa izquierda es hegemónica no por los tirajes de sus libros o periódicos, sino por la influencia expansiva que tienen sus ideas, que se esparcen como círculos concéntricos hasta los centros de enseñanza superior, la prensa y los partidos...” Aunque es dudoso que hoy la izquierda sea “hegemónica” en el sentido riguroso del término (por ejemplo, en términos gramscianos), hay que admitir que el autor da un paso adelante al advertir la fuerza de las ideas de izquierda y su influencia en la sociedad, si bien podría esperarse que tratara de entender de dónde surgen tales ideas (remember: “No es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida lo que determina la conciencia”) y el porqué de su influencia. Pero esto último es pedir demasiado.

El profeta de la alborada

Volvamos al libro en comento. Conviene detenerse brevemente en su génesis y motivaciones. La obra es más que una biografía de Hugo Chávez y un análisis político de su gobierno. Se trata de un trabajo orientado no por la sed de conocimiento sobre uno de los movimientos sociopolíticos más interesantes de los últimos tiempos, sino por el propósito de favorecer a la derecha venezolana y, en general, de combatir a la izquierda latinoamericana. Él está en su derecho de hacerlo, pero es útil reparar en ello de inmediato. Todo comenzó el 2 de diciembre de 2007, cuando se realizó en Venezuela un referéndum para decidir mediante el voto si se aprobaban o no reformas a la constitución, propuestas por el gobierno de Chávez. Por primera vez, la oposición de derecha obtuvo un triunfo (aunque estrecho: cerca de 1% de ventaja) al ganar la opción del no. Entusiasmado, Krauze toma de inmediato un avión hacia Caracas. Llega el día 4 de diciembre. Se entrevista con diversos sectores de la radical oposición venezolana (la iglesia, los estudiantes, etcétera). Vuelve a México, dice, con su “cargamento de libros venezolanos”, henchido de optimismo sobre las oportunidades de la derecha y convencido de que había llegado “la hora de tratar de responder con seriedad la pregunta obvia: ¿Quién es, de dónde salio, cómo se construyó el personaje llamado Hugo Chávez?” (6). Krauze encontró su respuesta a la pregunta, pero no es seria.

Hay evidencias para pensar que las cosas no resultaron de un mero impulso por saber quién era Chávez. Hubo otras motivaciones. El venezolano Antonio Sánchez García, en un escrito publicado a fines de 2008 (7), narra que un grupo de connotados personajes de la derecha liberal, él incluido, se reunió a desayunar con Krauze un año antes. Cuando tiene lugar la reunión, dice, “ No transcurrían 48 horas desde el histórico triunfo del NO del 2 de diciembre y los ánimos [de la oposición] estaban exultantes”. Al parecer, Krauze se encontraba en igual estado de éxtasis. A tal punto que se animó a tomar el papel de organizador. Entusiasmado, Sánchez García reflexiona que no imaginaron que “ de esa reunión nacerían dos iniciativas muy importantes: un maravilloso libro sobre Hugo Chávez [...] y un movimiento civil [...]: el Movimiento 2 de Diciembre Democracia y Libertad. Como lo recuerda [Krauze] en su libro, y ya lo habíamos olvidado, fue él quien tuvo la feliz ocurrencia de señalarnos que esa fecha tenía resonancias magnéticas y podría servir de nombre a un gran movimiento de opinión. Su propuesta no cayó en saco roto”. Sánchez confirma que Krauze regresó a México lleno de contento, con su cargamento “de libros”; pero no sólo de eso: también, dice, “de consejos, de apreciaciones sobre pasado, presente y futuro de nuestro atribulado país”. Esto es, impregnado del punto de vista de la derecha local. Esa fue materia prima importante del libro sobre Chávez que Krauze publicaría meses después y que permite entender su delirante talante analítico. No es extraño que el libro parezca escrito por un político de la oposición venezolana (sus mismos tópicos, su agresividad desenfrenada, etc.) y no por un historiador.

Antes de despedirse, Krauze adoptó un tono profético: "Están ustedes viviendo un despertar y puede que la alborada les ande rondando muy cerca", recuerda Sánchez García que les dijo. Y agregó: "de lo que aquí suceda dependerá el destino de Centroamérica, de México y de América Latina". Krauze estaba admirado por “el despertar de un sentimiento auténticamente democrático y liberal” en Venezuela, así que prometió reunirse de inmediato con los líderes estudiantiles antichavistas, “pues un movimiento estudiantil situado ideológicamente en las antípodas del guevarismo castrista”, y universitarios “que luchan por la democracia y practican un credo liberal”, le parecían fenómenos extraordinarios. La verdad es que Sánchez García también estaba encantado con Krauze, “un intelectual de aspecto anglosajón”. Como éste, el venezolano lamentaba que el liberalismo no contara “con buena prensa en nuestra región”, cuando lo que necesitaba América Latina era “Una gran dosis de liberalismo”. Ocurrió que, por “casualidad”, Krauze y Mario Vargas Llosa (otro cruzado del liberalismo radical) coincidieron en Caracas. Y entonces nuestro cronista ya no se contiene: “ La presencia de Enrique Krauze y de Mario Vargas Llosa entre nosotros no constituye ninguna coincidencia”; el hecho es “síntoma anunciatorio del palpitar de los nuevos tiempos: la apertura hacia nuevos horizontes históricos”. En un arrebato final, Sánchez García cree ver que “la alborada que vaticinó Enrique Krauze [un año antes] parece asomarse por sobre las cimas del Ávila [...]. Los tiempos se anuncian buenos. La visita de nuestros queridos amigos se cumple bajo los mejores augurios”.

¿Qué era toda esta alharaca sobre “alboradas”, “destinos” y “horizontes históricos”? Los visitantes y sus huéspedes se referían a las perspectivas de triunfos arrolladores de la derecha “liberal” que veían estar próximos, luego del mencionado referéndum del 2 de diciembre, primera victoria obtenida frente a Chávez después de diez intentos. Pensaban que en las elecciones intermedias del 23 de noviembre de 2008 se alzarían con una victoria que sería el preludio del desalojo del chavismo y su gloriosa vuelta al poder. Dado que Chávez estaba imposibilitado de reelegirse, esto se veía al alcance de la mano. Pero era mucho lo que estaba en juego, pues efectivamente de lo que ocurriera en Venezuela dependía en buena medida el futuro político latinoamericano. Había que pisar el acelerador a fondo y utilizar todas las armas disponibles. El libro de Krauze era un esfuerzo, por más modesto que fuera, encaminado a reforzar los designios de la oposición, presentando una imagen negativa del gobierno bolivariano, y a Chávez como un personaje maligno, “regresivo”, “mesiánico” y, sobre todo, “peligroso” (¿les suena?) no sólo para Venezuela sino para toda América Latina. De ahí que, publicado el libro, se multiplicaran las presentaciones (en Venezuela, España) y las entrevistas de agencias y periódicos al autor, para darle la resonancia política en el proceso venezolano que se avecinaba.

Sin embargo, las cosas no marcharon según lo planeado. El chavismo obtuvo la delantera en las elecciones estatales y municipales de noviembre de 2008 (quedándose con la mayoría de los gobernadores y alcaldes), aunque la oposición mantuvo su presencia en zonas importantes (sobre todo por su densidad urbana). Así que las “dos iniciativas” de Krauze para alcanzar la “alborada” y abrir los nuevos “horizontes históricos” se quedaron, por así decirlo, muy cortas. Y vendría inmediatamente una iniciativa de Chávez que darían un vuelco al panorama político: el referéndum, convocado para el 15 de febrero de 2009, a fin de definir el tema de la postulación indefinida o irrestricta (que no la “reelección indefinida”, según el lenguaje de la derecha), en el que el alcanzó el triunfo con cerca de 10 puntos de ventaja sobre el no. La oposición “despertaba”, como auguró Krauze, pero de una pesadilla. El horizonte y los buenos augurios se desvanecían. Son hechos como estos los que permiten entender la mencionada proyección que subyace a las referencias de los nuevos liberales cuando hablan de “desesperación”, atribuyéndola a la izquierda. Están consternados y se sienten impotentes ante los avances de la izquierda en un número cada vez mayor de países latinoamericanos en el lapso de la última década. No han podido derrocar por la fuerza el proyecto bolivariano, y el contexto interno e internacional lo hace cada vez más difícil, mientras hasta ahora el chavismo se muestra electoralmente firme.

El mandato de Octavio Paz

Como es su costumbre, en El poder y el delirio, Krauze navega con la bandera de la obra y figura de Octavio Paz —que considera casi como su herencia personal—, al que cita venga al caso o no. Por eso, no es raro que encontremos pasajes verdaderamente asombrosos en un libro que busca desentrañar un proceso contemporáneo (la trayectoria y el gobierno de Hugo Chávez). Krauze hace que Paz regrese de ultratumba para llevar a cabo un análisis político, ideológico y psicológico de la figura de Chávez. Es práctica común que un autor se base en otro para realizar sus análisis. Pero, yendo más allá, los pasajes de Paz que Krauze cita sirven no sólo para armar su crítica a Chávez, sino para hacer un juicio general de las tendencias políticas y los gobiernos progresistas de la actual América Latina, aparte de otros excesos. El propósito que subyace a todo esto es, sin embargo, político-ideológica: Krauze quiere recordar a sus pares (los intelectuales de la “izquierda liberal”) que Paz dejó un mandato político claro y terminante. Si Paz fue el profeta de la misión, Krauze es el apóstol que puede llevarla a buen término.

En el capítulo VIII, en donde se encuentran sus juicios sustantivos, Krauze comienza en un tono bajo: “nunca me atrevería a afirmar con certeza lo que Paz habría pensado porque, sencillamente, no está aquí”. Sólo se trata de buscar “claves”. Paz pensaba que hasta mediados del siglo XX, la democracia era aceptada como el fundamento de la legitimidad política. Pero en 1959 ocurrió un cataclismo con la revolución cubana: se impuso una nueva legitimidad “revolucionaria” en América Latina que, según glosa Krauze, ya no requería “de procesos electorales ni libertades cívicas ni de instituciones republicanas”. Esto conspiraba de un modo más profundo contra la democracia, interpreta Krauze, que las mismas dictaduras militares. Entonces Paz se consagra a desentrañar “las raíces dogmáticas” de la nueva legitimidad revolucionaria. Esta operación puede sintetizarse en el acoplamiento de varias generalidades sobre la tradición hispánica que, según el autor, permiten entender las tendencias políticas que abrió la revolución cubana. Aunque elementos claves de esa tradición se encuentran en sociedades de otras raigambres, se construye un patrón que supuestamente explica la particular explosión revolucionaria estimulada por la gesta cubana. Esas generalidades, poco atentas a las especificidades históricas, no son raras en la obra de Paz. El hecho es que el poeta —quien, según Krauze, había simpatizado con cierto talante de la izquierda e incluso con los revolucionarios cubanos— devino un crítico apasionado de la revolución, conforme la guerra fría llegaba a su climax y se acercaba a su desenlace. En suma, el camino de Paz fue un movimiento desde la “izquierda” hasta su conversión, dice Krauze, en “un líder intelectual de la disidencia liberal y socialdemócrata al marxismo revolucionario”, que prevenía, desde 1982, sobre los riesgos de una “revolución” que era un regreso al viejo absolutismo ibérico. El itinerario de Paz le parece especialmente importante a Krauze, pues es una advertencia para los jóvenes que “han abrazado de nuevo [...] el viejo sueño de la revolución, hoy encarnado en el comandante Hubo Chávez...” De eso se trata.

El tono de Paz era el de un profeta sombrío que predicaba acerca de una amenaza: la revolución y los sueños socialistas. Pero ya para 1989, los vientos habían cambiado: Paz rebosaba de optimismo y estaba en condiciones, dice Krauze, de profetizar “el fin de la revolución”, pues se asistía a una serie de cambios que le permitía al poeta anunciar “el ocaso del mito revolucionario” en Europa occidental y “el regreso de la democracia en la América Latina”. Todo bajo los auspicios de lo que Paz denominó el “liberalismo democrático”. ¿Cómo lo concebía el poeta? De un modo que a estas alturas nos resultará familiar: “Debemos —escribió Paz— repensar nuestra tradición, renovarla y buscar la reconciliación de dos grandes tradiciones políticas de la modernidad, el liberalismo y el socialismo. Me atrevo a decir que éste es ‘el tema de nuestro tiempo’” (8). Tal búsqueda es la tarea que hereda Paz a Krauze y, por lo visto, a través de éste a algunos intelectuales antes citados.

Por eso Krauze, en su papel de intérprete privilegiado, inmediatamente entra en un experimento divertido, que consiste en adivinar lo que Paz habría pensado de Hugo Chávez. Krauze dice que nunca habló con Paz sobre Chávez, pero está “seguro” de que no habría visto en éste la “reconciliación” de las tradiciones que había recomendado el maestro. Más aún, conjetura sobre el sarcasmo que habría pronunciado Paz sobre Chávez, citando a Marx. Es una fase delirante, en la que Krauze no habla de lo que Paz pensó en su momento, sino de lo que el historiador vaticina que diría Paz sobre Chávez. Un curioso ejercicio de profecía retroactiva.

Lamentablemente, Krauze no continúa con este método innovador, porque tal vez tendría que profetizar (retrospectivamente) que Paz habría lamentado el carácter fallido de su profecía sobre “el ocaso del mito revolucionario”. Pues la razón principal por la que Krauze se ve embarcado en ardorosas críticas contra Chávez es porque, a pesar de los anuncios sobre el triunfo de la socialdemocracia (liberal) en América Latina y el ocaso del socialismo, resurgieron con más fuerza en la región los proyectos populares que ponen en el núcleo de sus afanes los cambios del modelo neoliberal e incluso la meta de un “socialismo del siglo XXI”, todo ello acompañado por la propagación de proyectos revolucionarios (la “revolución bolivariana” en Venezuela, la “revolución cultural y democrática” en Bolivia, la "revolución ciudadana" en Ecuador ). El mismo año en que Paz anunció el cambio de dirección, el nuevo proceso de rebeldías tuvo un primer centelleo en el Caracazo, que desembocaría en el gobierno bolivariano. Un segundo momento destacado fue el levantamiento zapatista de 1994, que todavía Paz alcanzó a contemplar y examinar. Su impresión, por cierto, fue que el neozapatismo había renovado el “culto a la violencia”, que la sublevación era “irreal” y estaba “condenada a fracasar” y que el desenlace militar sería “rápido”.

El proyecto bolivariano encarna este nuevo ciclo de rebeldías de manera destacada, y es por esa razón que Krauze enfila sus baterías en primer lugar hacia el líder de ese movimiento. Desde luego, el objetivo es más amplio: contener los nuevos aires antineoliberales y gradualmente anticapitalistas que se arremolinan en la región. Esto es visto por el grupo de que Krauze hace parte como una verdadera calamidad. De ahí las arremetidas y, como complemento, la arrogancia de asumir el papel de consejero de aquella izquierda que se empeña en ignorar el nuevo derrotero trazado por su maestro en 1989. Se produce así un hecho insólito: desde posiciones conservadoras se le indica a la izquierda qué es lo que le conviene, y se le sermonea cuando ésta no hace caso.

La pequeña internacional liberal

Krauze no está solo en su cruzada contra el retorno de los sueños revolucionarios. Se articula con otros personajes y grupos. Así, podríamos hablar de una especie de “pequeña internacional liberal”, cuya característica más notable es su acentuado perfil conservador. No es extraña la cercanía de Krauze con posiciones como la del Partido Popular español y su dirigente José María Aznar (quien condecoró a aquél en 2003, en medio de ditirámbicos elogios mutuos) ni que ambos participen en jornadas y proyectos políticos conjuntos. Uno de esos trabajos “a la limón” fue el que realizaron en México en medio de la campaña presidencial de 2006. Sin el menor rubor, se presentaron juntos para apoyar al derechista Felipe Calderón, candidato del PAN, uno de los partidos más conservadores y retardatarios del continente. Así que cuando Krauze se presenta como liberal y socialdemócrata, y al mismo tiempo apoya a la derecha más ultramontana, uno no sabe qué pensar: o no entiende una palabra sobre las tendencias políticas de que habla (y a las que dice adherirse) o no tiene ningún respeto por la inteligencia de los demás. También hay que incluir a otros intelectuales dedicados a las letras, como es el caso de Mario Vargas Llosa. No es efectivamente casual que Krauze haya coincidido con Vargas Llosa en Venezuela en la ocasión indicada.

A juzgar por los resultados, las andanzas del grupo por Venezuela no han resultado muy exitosas. Es posible que incluso hayan fortalecido las posiciones de la izquierda local. Más que de empuje, su activismo es expresión de las debilidades de los conservadores venezolanos. La oposición en Venezuela carece de intelectuales propios, con suficiente preparación e impacto público para impulsar sus posiciones políticas y, sobre todo, para promover la unidad entre sus crispados componentes, peleados entre sí. Por ello recurre a intelectuales foráneos que forman una suerte de “grupo de tarea” (o “grupo de acción rápida”), el cual acude presuroso a brindar apoyo a sus pares de la derecha.

Las deformaciones de Krauze

El libro de Enrique Krauze es en su mayor parte una retahíla de descalificaciones contra el mandatario venezolano, sin que el autor eche en falta los argumentos. Las cosas son así, porque Krauze dice que son así: Chávez es un autoritario, un dictador que quiere mantenerse en el poder indefinidamente. No importa que Chávez haya cumplido una y otra vez con los requisitos de la “legitimidad” democrática que señalaba Paz (recuérdese: elecciones, libertades cívicas e instituciones republicanas). Es intrascendente que el político bolivariano se haya sometido a la voluntad popular mediante elecciones libres. Chávez lo ha hecho en doce ocasiones. Al parecer, ese es un requisito esencial y hasta suficiente cuando se trata de políticos que se comportan de un modo distinto a Chávez (por ejemplo, como seguidores ciegos de las recetas neoliberales), pero es irrelevante cuando se trata de un líder que desafía los dogmas del “libre mercado”, la “desregulación” irresponsable y no practica la total indolencia frente a las necesidades de las grandes mayorías, empobrecidas e impedidas de ejercer derechos fundamentales. En este caso, no hay nada de democracia; se trata de un “monarca absoluto” y de un mesiánico (uno de los descalificativos favoritos de Krauze, utilizado hasta la infamia contra López Obrador en 2006). Más aún, el requisito de la limpieza democrática es una exigencia rigurosa para la izquierda, pero puede exonerarse de ello a la derecha. Como se vio, Krauze no tuvo empacho en apoyar al candidato derechista Felipe Calderón, dedicado a la guerra sucia contra su principal adversario; y cuando Calderón es declarado ganador “haiga sido como haiga sido” —según sus propias palabras— el historiador liberal no muestra desazón ni se dedica a combatirlo con pasión democrática.

Tampoco basta que durante la gestión de Chávez se hayan respetado las libertades fundamentales, aún frente a sectores opositores que no descansan un momento en su tarea de minar las instituciones y promover la violación de las leyes (incluyendo la incitación al magnicidio). La oposición que el liberal Krauze apoya es una que llegó al punto de asaltar las instituciones republicanas que tanto ponderaba Octavio Paz, mediante un golpe de Estado; e inmediatamente que se hicieron del poder con un procedimiento tan “democrático”, pasaron a destituir a los representantes libremente electos, perseguir a las autoridades defenestradas, encarcelar y maltratar a los adversarios. No fueron ni siquiera compasivos. Poseídos por la furia democrática, disolvieron las instituciones. El fascismo asomó su rostro de espanto. Es una historia larga. Fue un episodio cargado de vileza y violencia implacable. Sin embargo, los que hicieron todo esto y más, que no tienen ni una pizca de liberales (en su sentido prístino) ni de democráticos, ni respetaron las libertades ni las instituciones republicanas (como aconsejó el maestro Paz), le parecen hoy a Krauze personas “ que luchan por la democracia y practican un credo liberal”. En cambio, un gobierno en el que no se registran encarcelamientos arbitrarios, ejecuciones extrajudiciales, torturas y otras canalladas tan comunes en otros países, sólo le merece a Krauze desprecio y condenas; y el líder que —una vez repuesto en el poder por la insurrección de sus compatriotas— no se vengó de sus verdugos ni afectó sus propiedades ni cerró los medios de comunicación promotores del golpe, etcétera, le parece un corrupto y un violador de los derechos humanos. Si Krauze fuera más cuidadoso se daría cuenta de que al obviar las vilezas de sus defendidos, éstas se transfieren a él; que al ser tan injusto y parcial en su evaluación, la iniquidad y el dogmatismo se convierten en sus rasgos distintivos.

Con tal de denigrar a Chávez, Krauze llega hasta a inventarse un “decálogo” que, según dice, el líder bolivariano “ha establecido” con “el pueblo”. En él se disponen injurias como estas: el pueblo “carece de derechos individuales”; sólo puede recurrir a la “aglomeración” para hacerse escuchar; es libre sólo para emprender protestas; es propiedad del caudillo... Por cierto, el autor ya había utilizado el recurso del decálogo inventado para aplicárselo a López Obrador y a todo gobernante latinoamericano que se aparta del guión neoliberal, acusándolos de incurrir en “populismo” (9). Es un método indigno de un intelectual. Y además, en el caso que nos ocupa, más que un ataque a Chávez, resulta una cruel ofensa al pueblo venezolano.

Es imposible en este espacio limitado abarcar el catálogo completo de insultos, engaños y falsedades que acumula el autor en su obra. Sólo señalo algunos ejemplos:

1) “Chávez es uno de los hombres más ricos del mundo”. Según esto, Chávez debería estar en la lista Forbes de los multimillonarios del mundo. Retoma un intento similar de difamar a Fidel Castro (atribuyéndole el erario como riqueza personal). Los difamadores de éste se atrevieron a decir que tenía cuentas secretas en el exterior, lo que era una calumnia pueril. Krauze no se arriesgó a tanto.

2) Al expulsar a la camarilla que manejaba a su antojo a la empresa petrolera (PDVSA), Chávez “realizó la privatización más grande de la historia” —dice Krauze—, pues “es ahora su propiedad”. Una descarada inversión de la historia: los que hicieron de la empresa pública PDVSA el botín privado de una pequeña oligarquía, ahora resultan víctimas: los privatizadores por excelencia se convierten en privatizados, y el que regresó su carácter público a la empresa, fue su privatizador.

3) Se acusa a Chávez de “propensión a monopolizar la educación”. ¿Así que hacer pública y gratuita la educación, equivale a monopolizarla? Aquí reverberan las pretensiones de los jerarcas de la iglesia católica y otros sectores retardatarios que prefieren una educación elitista y cargada de ideas religiosas. Los socialdemócratas europeos se asombrarían de este liberalismo de púlpito.

4) Chávez no es “un campeón de la democracia”, pues aunque ha realizado “varios procesos electorales”, lo ha hecho “en un contexto creciente de asfixia de todas las libertades públicas y control total de los poderes republicanos”. La “asfixia” de libertades parece referirse al tópico de la falta de libertad de prensa y expresión en Venezuela. Una piedra de escándalo en ciertos medios externos y caballito de batalla de la oposición interna. Se acusa a Chávez de perseguir o restringir a los medios, de violar la libertad de expresión. No salgo de mi asombro. Cualquier persona medianamente imparcial que visite Venezuela puede comprobar por sí misma que existen pocos países en el mundo en donde el sector privado, opositor al gobierno, tenga un control tan extraordinario sobre los medios. Hablo en términos cuantitativos y cualitativos: no sólo se trata de que domina la mayoría de los medios, sino también los más poderosos y penetrantes (los electrónicos, sin faltar los impresos: diarios, etc.). De hecho, puede decirse que el factor integrador de la oposición venezolana son los medios; y éstos funcionan en su conjunto como su partido político. Cuando uno lee, ve o escucha los medios venezolanos, se da cuenta de que es un país que disfruta de una gran libertad de expresión, que en ocasiones raya en el libertinaje (desde el punto de vista de la normatividad vigente). Esos medios de oposición se dan el lujo no solo de mentir, sino de violar las leyes abiertamente en forma aún más grave (por ejemplo incitando al magnicidio, es decir, al asesinato del presidente). En Estados Unidos y en otros países, ese delito tendría como consecuencia la cárcel para sus autores. No en Venezuela. Los medios opositores deforman los hechos y difunden mentiras, y no de manera esporádica o por error sino de manera intencionada y sistemática. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido censurado o cerrado. Recuerdo un caso que me impresionó. Estando en Venezuela hace año y medio, leí en un diario de derecha la denuncia de que, en las escuelas, el gobierno estaba distribuyendo armas largas automáticas a los niños. La información se publicaba como verdad incontestable; hasta incluía fotos de las armas. En cualquier otro país hubiera sido materia de un escándalo gigantesco y de una investigación a fondo. Al parecer las autoridades no se vieron en la necesidad de realizar tal pesquisa. La noticia era tan evidentemente mentirosa que se esfumó como un suspiro. Se trataba de un infundio. La gente que hace cosa como esas, es la que grita (por los medios) que no hay libertad de expresión.

5) Examinemos el segundo asunto del punto anterior: el relativo al control de los poderes. Quizá el autor se refiera sobre todo a la Asamblea Nacional (congreso), en donde no hay ninguna representación de la oposición. Es verdad. Pero no puede ocultarse el hecho de que si no hay opositores allí es porque éstos decidieron no participar en las elecciones correspondientes, apostando a llegar al poder por otros medios, no precisamente democráticos y lícitos. Ahora los dirigentes están arrepentidos, consideran que su apuesta fue un error y han declarado que piensan participar en las próximas elecciones para ese órgano de poder. Hacen bien.

6) Ninguna de las “misiones” (en materia educativa, de salud, alimentaria, etc.) creadas por el gobierno, dice Krauze, “ha alcanzado los resultados que se pretenden. Su mayor impacto ha sido cultural”. Hombre, no es un resultado despreciable ni menor. Pero no es toda la verdad. Son muchos los que pueden ver los buenos resultados (incluyendo todo género de agencias internacionales, ONG, etc.). Por ejemplo, los datos que proporcionan fuentes nada sospechosas de chavismo, como la CEPAL y Naciones Unidas, muestran que las condiciones en Venezuela han cambiado favorablemente para los sectores populares en el campo de la educación (hace poco, Venezuela fue declarada por la UNESCO como país libre de analfabetismo), la salud, la alimentación, entre otros. Pero sobre todo, los que pueden ver claramente resultados son los millones de pobres beneficiados. Hay que apuntar también en esta lista a una buena proporción de los de ciudadanos de clase media y hasta a miembros de la clase alta. Pero ni éstos ni Krauze están dispuestos a verlo.

Y aquí radica en buena parte el problema del libro de Krauze: está atravesado por una visión recortada e ideológicamente sesgada. No es que no pueda ver, sino que no quiere ver. O mejor: sólo quiere ver lo que sus propósitos políticos y sus compromisos ideológicos le marcan. Es por eso que, para él, el proyecto bolivariano ha fracasado en todos los frentes, Chávez es un peligro insoportable y el paisaje sociopolítico de Venezuela es desolador. Los matices, cuando se ve obligado a hacerlos, son solamente para confirmar la regla absolutamente negativa que ha construido su propio prejuicio.

Para caracterizar este estado de ánimo, Roberto Hernández Montoya ha usado el término negacionismo. Se refiere a una imbatible negación de los hechos que, a veces, raya en lo ridículo. Para los afectados, el costo es no entender nada de lo que pasa a su alrededor. Los negacionistas, explica, no pueden ver “las misiones, niegan puentes, niegan autopistas, niegan la alfabetización, niegan los cientos de miles de personas que recuperaron la visión [...], las decenas de millones de libros a bajo precio o gratuitos. Niegan todo. Niegan los beneficios de la abolición del crédito indexado, indizado o mexicano. Se curan en un módulo [de salud] de Barrio Adentro y lo niegan. Pierden un realero en el Stanford Bank [que estafó a un número indeterminado de venezolanos por más de 2 mil millones de dólares] y lo niegan o la pagan con Chávez con la argumentación idiota de que por su culpa corrieron hacia el Stanford, temerosos de que Chávez les incautase su dinero. No lo ha hecho en diez años, la empresa privada ha seguido su curso de exacción, ganando dinero como nunca antes y todavía temen más a Chávez que a Stanford. Ser idiota es el lujo más costoso”. Enseguida explica que el desorden de la conducta que designa el negacionismo “no es solo negar algo, sino también ocultarlo, ignorarlo en una cortina de silencio estridente. Fue patético cómo los medios golpistas silenciaron el segundo Oscar que [en la última entrega] se ganó Sean Penn [actor estadounidense que simpatiza con la causa bolivariana]. No ven la obra de gobierno, pero cuando ponen una cadena [televisiva] para que al fin la vean, entonces apagan el televisor o se van a un canal por cable. Exilio interior. No quieren ver, no sea que tengan que admitir lo que no quieren admitir: que este es el único gobierno bueno en lo que va de República. No es perfecto, ¿alguien dijo que lo era?, pero es el mejor” (10). Es —digo yo— lo mismo que le pasa a Krauze.

* El autor es profesor-investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Director de la revista Memoria. Obras recientes: El canon Snorri. Diversidad cultural y tolerancia, UACM, México, 2004; El laberinto de la identidad, UNAM, México, 2006, y Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia, Casa de las Américas, La Habana, 2008 (Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada, Casa de las Américas 2008).

Notas:

1. Tusquets Editores, México, 2008.

2. Anthony Giddens, La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia, Taurus, España, 1999.

3. H. Díaz-Polanco, “La tercera vía. Un balance crítico”, en Boletín de Antropología Americana, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 34, México, junio, 1999.

4. José Antonio Crespo, 2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana, Random House Mondadori/Debate, México, 2008.

5. Cf. Letras Libres, año X, núm. 113, mayo de 2008.

6. Enrique Krauze, “Viaje a Caracas”, Letras libres, noviembre de 2008, p. 25.

7. Antonio Sánchez García, “Krauze y Vargas Llosa en Caracas”, El Nacional, Caracas, 6 de diciembre de 2008.

8. Citado por Krauze en El poder y el delirio, op. cit., p. 330. Cursivas nuestras.

9. Al menos desde 2005, Krauze viene publicando “decálogos” contra el “populismo”, adaptándolos a las coyunturas políticas de distintos países (México, Venezuela, etc.). El de más amplio alcance lo dio a conocer en España: E. Krauze, “Decálogo del populismo iberoamericano”, El País, 14 de octubre de 2005. Se trata de una lista simplista, fundada en los tópicos del liberalismo más atrasado, sobre los pecados en que incurren los políticos que no son gratos a los intelectuales conservadores. El sentido del artículo de Krauze lo analizó certeramente Emir Sader (“ El populismo: su más completa traducción”, Alai-Amlatina, 14 de noviembre de 2005 ). Estas frases lo resumen: “ Este decálogo —dice Sader— es una radiografía de cuerpo entero del cinismo liberal [...] En la era neoliberal, la palabra populismo sirve para intentar descalificar la prioridad de lo social: eje de la alternativa posneoliberal”.

10. Roberto Hernández Montoya, “Negacionismos”, en Aporrea, Caracas, 1 de marzo de 2009.

viernes, marzo 20, 2009

En el fondo soy un asunto de luz

Giorgos Seferis (Yorgos Seferis, según otra transcripción del nombre; en griego se escribe Γιώργος Σεφέρης) nació el 13 de marzo de 1900 en el puerto griego de Esmirna, que desde 1922 pertenece a Turquía. Representó a Grecia como diplomático, incluso en el exilio cuando Alemania se apoderó de su patria durante la Segunda Guerra Mundial. La Academia Sueca le concedió el premio Nobel de literatura en 1963. Falleció el 20 de septiembre de 1971.

En el
website El poder de la palabra encontré ha días un fragmento de Seferis. Malamente, no dicen quién es el traductor. Lo que aquí me impresiona es el ansia de la luz, sin dejar de ser luz, por volver a la luz... o por mostrar a todos la luz que es.

Dijiste hace años...
(de Sobre un rayo de sol invernal)

Dijiste hace años: En el fondo soy un asunto de luz.
Y ahora todavía al apoyarte en la ancha espalda del sueño,
aun cuando te hunden en el pecho aletargado del pronto,
buscas rincones donde el negro se ha gastado y no resiste,
buscas a tientas la daga destinada
a perforar tu corazón y abrirlo a la luz.

Timbre postal griego dedicado a Seferis; lo encontré en el sitio del físico greco-alemán Michael Lahanas.

jueves, marzo 19, 2009

Repudiamos agresión contra escritores

Repudiamos agresión contra escritores

A la presidenta constitucional de Puebla capital

A la comunidad artística en general

A la población en general

El día 14 de marzo, aproximadamente a las 3:30 horas, los escritores Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís fueron víctimas de una brutal agresión policiaca en pleno centro histórico de la ciudad de Puebla capital, en México.

Lo que comenzó como una revisión rutinaria derivó en una serie de atrocidades que pusieron en peligro la vida de Vite, Andrade y Solís. Los escritores se dirigían a sus respectivos domicilios cuando fueron interceptados por cuatro policías armados, quienes descendieron de una patrulla (camioneta Dodge, cuyo número se omite para no entorpecer las averiguaciones) y de inmediato los amagaron con armas largas. Golpearon a Vite, Andrade y Solís; los esposaron, los atacaron en el piso y los aventaron a la batea de la camioneta.

Los insultos, intimidaciones y vejaciones duraron aproximadamente cuarenta minutos; el comando dedicado a salvaguardar la seguridad de los habitantes de esta ciudad abandonó a los escritores en un solitario paraje a las orillas de Puebla.

La golpiza incluyó amenazas de muerte, burlas y encañonamientos con armas largas, además de una constante humillación y vejación a los escritores. La ira y violencia de los policías se desató cuando Federico Vite se identificó como reportero del periódico Intolerancia. Algunos de los insultos y amenazas que profirieron los policías durante el trayecto en la camioneta fueron: “¿crees que por ser de la prensa no te podemos partir la madre?”, “la prensa se ha encargado de humillarnos ante la sociedad, a ver si a golpes aprenden a callarse”, “¿te crees muy cabrón sólo porque eres periodista?, ahora vas a aprender a callar”.

El evidente desprecio y rencor de los policías refleja la impunidad que desde hace tiempo rige este país. Recordemos, por ejemplo, que en el estado de Puebla se ordenó la persecución de Lydia Cacho Ribeiro; además, Puebla, de acuerdo con el Centro de Periodismo y Ética Pública (CEPET), es el cuarto lugar nacional en agresiones contra periodistas.

¿Qué confianza hay en los grupos policiacos, cuando en lugar de salvaguardar la seguridad de los habitantes son los encargados de asaltar, golpear, humillar y amenazar a los civiles? ¿Cómo es posible que el Ayuntamiento de Puebla se haya gastado millones de pesos en publicidad e imagen y en un año de gobierno no haya invertido el mismo capital en sanear los cuerpos policiacos?

El combate a la delincuencia no exime, por ningún motivo, el respeto a los derechos humanos. La inseguridad es otra forma de evitar la libre expresión de ideas. Exigimos el irrestricto respeto a las garantías individuales de los escritores, hacemos público nuestro apoyo a los compañeros y manifestamos nuestro repudio en contra de estos hechos. Exigimos que se castigue a los responsables y se garantice la seguridad de Álvaro, Federico y Miguel Ángel.

El ultraje que sufrieron estos jóvenes representa también un agravio directo contra toda la comunidad literaria de Latinoamérica, por este medio nos solidarizamos con ellos.

Puebla de Zaragoza, México.

14 de marzo de 2009.

Gerardo Oviedo, escritor, México.

Firmas

1. Bernardo Ruiz, escritor, México
2. Mario Martell, periodista, Puebla
3. Jeremías Marquines, poeta, Guerrero
4. Citlali Guerrero, poeta y promotora cultural, Guerrero
5. Waldo Leyva, poeta, Cuba
6. Omar Lara, poeta, Chile
7. Óscar López, periodista, Puebla
8. Yussel Dardón, escritor, Puebla
9. Jesús Bartolo Bello, poeta, Guerrero
10. Beatriz Meyer, Escritora, Puebla
11. Guillermo Carrera, poeta, Puebla
12. Gabriela Puente, poeta, Puebla
13. Enrique de Jesús Pimentel, poeta, Puebla
14. José Prats Sariol, escritor, Cuba
15. Ramón Cote, poeta, Colombia
16. Milton Medellín, poeta, Tlaxcala
17. Mario Alberto Mejía, periodista, Puebla
18. Brenda Ríos, ensayista, Acapulco
19. José Antonio Mateos, filósofo, Tlaxcala
20. Dinora Cruz Toral, profesora, Puebla
21. Brahim Zamora, promotor cultural, Puebla
22. Rafael Toriz, escritor, Xalapa
23. Iván Trejo, poeta, Monterrey
24. Miguel Ángel Rodríguez, ensayista, Puebla
25. Luis Felipe Lomelí, escritor, Monterrey
26. Iris García, dramaturga, Guerrero
27. Gerardo Arturo Zepeda Ordorica, escritor, Puebla
28. Rodrigo Cruz, fotógrafo, Puebla
29. Carlos ríos, poeta, Argentina
30. Gregorio Cervantes, escritor, Puebla
31. Fernando Nieto Cadena, poeta, Ecuador
32. Luis Paniagua, poeta, México
33. Balam Rodrigo, poeta, Chiapas
34. Jorge A. Sánchez, poeta, Distrito Federal
35. Elvia Navarro, ensayista, Distrito Federal
36. Sigifredo E. Marín, filósofo, Zacatecas
37. Maritza Buendía, escritora, Zacatecas
38. Obet Zamora, cronista, Tuxpam, Veracuz
39. Jaime Ruiz, poeta, Tabasco
40. Daniel Peralta Guzmán, escritor, Tabasco
41. Benjamín González Sumhoano
42. Celina Peña Guzmán, profesora, Puebla
43. Luis Zapata, escritor, Guerrero
44. Úrsula García de Gante, académica, Puebla
45. Marco Antonio Puente, poeta, Puebla
46. Araceli Torres González, profesora, Puebla
47. Harald Rumpler, escritor, Puebla
48. Ramón Rivera, profesor, Puebla
49. Alma Rosa Ortega, profesora, Puebla
50. Víctor Manuel Montiel, profesor, Puebla
51. Selene Ríos, reportero, Puebla
52. Mara Morales, profesora, Puebla
53. Mario Bojórquez, poeta, Los Mochis, Sinaloa
54. Edmundo Velázquez, reportero, Puebla
55. Elena Santillán, Socióloga, Argentina
56. Gerado Horacio Porcayo, escritor, Puebla
57. Gina Velázquez, periodista, Querétaro
58. Malena Steiner, actriz, Guerrero
59. José Luis Prado, escritor, Puebla
60. José Vicente Anaya, Poeta y periodista, México

miércoles, marzo 18, 2009

Prosas fulanas, libro de Daniel Maldonado, será presentado hoy en Torreón

Hoy, miércoles 18 de marzo, el escritor Daniel Maldonado presentará su libro Prosas fulanas a las 8 de la noche en la sede regional del Instituto Coahuilense de Cultura, ubicada en la esquina de las avenidas Colón y Juárez en la ciudad de Torreón.

Acompañarán al autor, como comentaristas del libro, los escritores Jaime Muñoz Vargas y Gerardo de Jesús Monroy.

Esperamos contar con la presencia de las personas interesadas en conocer la literatura que se escribe en la Comarca Lagunera de Durango y Coahuila.

Ofrezco los vínculos a un par de notas relacionadas:

El Siglo de Torreón.

La Opinión Milenio.

Finalizo esta invitación recomendando la lectura de un interesante post publicado en el blog Noti-SNTE Sección 35:

Prosas de Daniel Maldonado.

lunes, febrero 23, 2009

Tu más profunda piel

El 12 de febrero se cumplió otra vuelta del sol tras el último sueño de Julio Cortázar; el sueño más durable, que lo asaltó en París en 1984. Eso es todo lo que voy a decir sobre la muerte. Lo que sigue es volver a la vida. El sexo y el placer hacen a los amantes registrarse en la vida; el texto que componen es, en justicia, interminable.

Tu más profunda piel
Julio Cortázar

Pénétrez le secret doré
Tout n’est qu’une flamme rapide
Que fleurit la rose adorable
Et d’où monte un parfum exqui
s


Apollinaire, Les collines


Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía —sábelo, allí donde estés— es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste "Me da pena”, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro, arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo cómo poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne que oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

(Último round, 1969)

viernes, febrero 20, 2009

Igual al cielo

Mucha gente señala a The Cure como un grupo depresivo. Yo, que estuve a punto de conseguir un diplomado en psiquiatría sauvage, apuntaría, antes bien, hacia la hipótesis de que sean maniaco-depresivos; o bipolares, como está de moda decir ahora. Los oigo dar de tumbos por corredores enfermizos, de lo dark a lo pop, de la depresión a la euforia, de los gemidos lúgubres a la psicodelia jubilosa.

Just like Heaven, del disco Kiss me, kiss me, kiss me (1987), es una de las baladas pop más pegajosas de La Cura. Tiene el sonido de un corazón alegre y, sin embargo, es tan romántica como delicada, tan colorida como ligera...

(Si ven que de repente chafeo con los adjetivos, es porque en mi adolescencia leí demasiados números de La mosca en la pared, Rolling Stone y otras revistas que le echaban mucha crema a sus tacos).

Esta pieza, para no variar, también fue dedicada por Robert a su novia Mary, quien aparece a la mitad del videoclip bailando entre las sombras como una doncella luminosa, blanca y un tanto fantasmal. La letra, creo, podría estar contando una historia de fantasmas: Tú, única y suave, perdida y solitaria... Igual al Cielo.

The Cure: Just like Heaven

"Show me, show me, show me! How you do that trick,
the one that makes me scream", she said,
"the one that makes me laugh", she said,
and threw her arms around my neck.

"Show me how you do it
and I promise you, I promise that
I'll run away with you".
"I'll run away with you".

Spinning on that dizzy edge
I kissed her face and kissed her head
and dreamed of all the different ways
I had to make her glow.

"Why are you so far away?", she said,
"why won't you ever know
that I'm in love with you?"
"That I'm in love with you?"

You,
soft and only.
You,
lost and lonely.
You,
strange as angels
dancing in the deepest oceans,
sitting in the water,
you're just like a dream.
Just like a dream.

Daylight licked me into shape,
I must have been asleep for days
and moving lips to breathe her name.
I opened up my eyes...

And found myself alone, alone,
alone above a raging sea
that stole the only girl I loved
and drowned her deep inside of me.

You,
soft and only.
You,
lost and lonely.
You,
just like Heaven.
De izquierda a derecha: Roger, Lol, Porl, Robert, Boris y Simon.

jueves, febrero 19, 2009

Canción de amor

Continuando con la onda este... cómo decirlo... pues la onda “namorada”, ¿no?, esta vez obligo a mis amables lectores (y sobre todo lectoras) (y sobre todo si, al igual que un servidor, son fans del rock gótico) a escuchar por enésima vez esta pieza que ha sido uno de los más exitosos y pegadizos hits de The Cure: Lovesong, “Canción-de-amor”. Sí, se escribe como lo escribí, uniendo en una misma palabra los sustantivos “canción” y “amor”. La música fue compuesta por los personajes que, a mi juicio, le dieron su brillantez más pura a la banda: el guitarrista Porl Thompson, el bajista Simon Gallup, el baterista Boris Williams, el tecladista Roger O'Donnell y, desde luego, Robert Smith, guitarra, voz y alma de The Cure (acababa de abandonar el grupo el baterista y tecladista Lol Tolhurst). La letra, así como los acordes que sirvieron de base al resto del grupo para desarollar la música, se deben a Robert, quien escribió Lovesong para pedirle a su novia de toda la vida, Mary Poole, que se casara con él.

Robert y Mary forman un matrimonio poco común entre las celebridades. Eran alumnos de la misma escuela secundaria en Crawley (West Sussex, Inglaterra). Ella es unos meses mayor que él (Mary nació el 3 de octubre de 1958 y Robert el 21 de abril de 1959) y cursaban grados diferentes, pero coincidieron en un taller de actuación dentro de la secundaria. El adolescente punketo ya le había echado un ojo (o los dos) a la muchacha antes de que ella reparara en él; por ahí leí que no hubo más razón que impulsara a Robert a inscribirse en el taller sino la de estar junto a Mary —“la chica más bonita de la escuela”, de acuerdo con Bob; y, por las fotos que he visto, estoy convencido de que dice la verdad.
Se hicieron novios cuando tenían 15 años; Bob jamás tuvo otra novia ni Mary otro novio. Se casaron el 13 de agosto de 1988, a los 30 años de edad. No tienen hijos. Y lo más espectacularmente raro entre gente famosa o anónima: no se han divorciado. Otro elemento inusual de su relación es que ellos constituyen el único matrimonio del que yo tenga noticia en el que el marido gasta más que su mujer en maquillaje. Lovesong fue el tercer sencillo del álbum Disintegration, después de Lullaby y Fascination Street. Empezaron a promover el tema en la radio en agosto de 1989 y llegó al número 2 del Billboard, lo que lo convierte en el single más exitoso de la banda (The Cure nunca ha tenido un número 1 en Estados Unidos... y creo que en ningún país).

La primera canción que le escuché a La Cura fue Lovesong. Todavía me emociona mucho escucharla. Por entonces era niño y no sabía nada del movimiento gótico (no es que ahora sepa gran cosa; cuando se trata de música no me clavo en un solo género). Aun así, ya entonces habría definido su melodía como oscura; melancólica, si recordamos que en griego melancolía significa “bilis negra”. Los tambores sonaban remotos en mi oreja, como si los sonidos no emanaran de las bocinas del diminuto aparato de radio con el que me gustaba dormir. Era como si el percusionista estuviera tocando no muy próximo a mí, tampoco muy lejano, sin estruendo, rápido no, ni lento, a seis o siete kilómetros de mi casa, en la ladera de alguna pedregosa y solitaria colina de la estepa, como las que por entonces no conocía. Yo, que no tenía televisión, imaginaba un videoclip en el que el cielo no era alto sobre la estepa, en la que no había nada, ni nadie, sino rocas y un tamborista ensimismado. En mi imaginación, estaba atardeciendo.

Además de la batería hipnótica, me seducía la sombría voz del bajo; el rezo que hace el órgano; el coro de violines sintetizados en un teclado electrónico; la guitarra, reducida a su ser más breve. Y la desolación en la voz de Robert, como olvidada del cantor, perdiéndose en el desierto que yo era. El susurro casi imperceptible a mitad de la canción:
And fly me to the Moon..., como cantó antes Frank Sinatra.

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am home again.

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am whole again.

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am young again.

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am fun again.

However far away
I will always love you.

However long I stay
I will always love you.

Whatever words I say
I will always love you.
I will always love you.

And fly me to the Moon...

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am free again.

Whenever I'm alone with you
you make me feel like I am clean again.

However far away
I will always love you.

However long I stay
I will always love you.

Whatever words I say
I will always love you.
I will always love you.

Es decir...


Cuando estoy solo contigo
me haces sentir que he vuelto a casa.

Cuando estoy solo contigo
me haces sentir que una vez más estoy completo.

Cuando estoy solo contigo
me haces sentir otra vez joven.

Cuando estoy solo contigo
me haces sentir que soy divertido de nuevo.

Por lejos que me encuentre
siempre te amaré.

Por el tiempo que dure
siempre te amaré.

No importa lo que diga
siempre te amaré.
Siempre te amaré.

Y llévame a la luna...

Cuando estoy solo contigo
me haces sentir otra vez libre.

Cuando estoy solo contigo
me haces sentir otra vez limpio.

Por lejos que me encuentre
siempre te amaré.

Por el tiempo que dure
siempre te amaré.

No importa lo que diga
siempre te amaré.
Siempre te amaré.

Ya sé que existen canciones de The Cure
—y no se diga de otros grupos mucho más “dark” que ésta. De hecho, suele calificarse a Lovesong como tema “tranquilo”, incluso “alegre” o “luminoso”, pero a mí nunca dejó de parecerme desolada y triste. Aunque el juglar insista en que “siempre la amará” (frase que, fuera del contexto de la canción, pondríamos en boca de un optimista), la voz tiene timbre e intensidad de lamento. No un lamento estentóreo, eso es cierto, sino un lamento con las lágrimas secas, un lamento... ¿desesperanzado? La pura voz, más allá de las palabras (whatever words he says), no expresa esperanza. Al contrario, parece temerosa de que la mujer a la que le canta le responda: “no te amo”. Es una canción de amor porque nació de un sentimiento de amor, pero aún más porque está suplicando que a cambio de su vida se le retribuya con un sentimiento de amor de igual tamaño que el suyo. Está diciendo: “ámame”...

Pero igual y no tengo razón y todo lo anterior fue un alucine mío, barato, de adolescente, montado en el humo del primer cigarrillo que me fumé, a escondidas, un año después de haber oído esa Canción de amor
.

Los espero en la próxima edición de este blog, que ya estoy pensando en convertir en prensa rosa y revista del corazón...

¡Chaíto! :)
Sobre estas líneas, primera foto, de izquierda a derecha: Roger, Robert, Porl, Simon y Boris. Segunda foto, en idéntico sentido: Porl, Roger, Boris, Mary, Robert, Simon y Lol.

sábado, febrero 14, 2009

14 de febrero, bajo las estrellas

¿Dónde estarás ahora mismo, Maga? ¿Y yo? ¿Dónde estoy yo? No sé si mi paradero te importa. Pero donde camino, donde me detengo, te recuerdo. Eso es lo único que vale la pena de mí. Tu imagen siempre está en mis ojos.

Te quiero mucho.


Esta canción nos gusta a los dos.

The Cure: Underneath the stars


Floating here like this with you
underneath the stars, alight
for 13 billion years, the view
is beautiful
and ours alone tonight
underneath the stars.


Spinning round and round with you
watching shadows melt, the light
soft shining from our eyes into
another space
is ours alone tonight
watching shadows melt.

And the waves break...
And the waves break...

Whisper in my ear a wish,
“we could drift away”. Held tight
your voice inside my head, the kiss
is infinite
and ours alone tonight,
“we could drift away”.

Flying here like this with you
underneath the stars, alight
for 13 billion years, the view
is beautiful
and ours alone tonight
underneath the stars.

And everything gone
and all still to come
as nothing to us
together as one
in each others arms
so near and so far
forever as now
underneath the stars.

As the waves break...

A ver qué tal me sale la traducción...

(Carraspeo).

Bajo las estrellas, de The Cure...

Flotando aquí como lo hacemos
bajo las estrellas, encendidas
desde hace 13 millones de años, la vista
es hermosa
esta noche y solamente nuestra
bajo las estrellas.

Giro y giro contigo
viendo fundirse sombras, la luz
caída suavemente desde los ojos dentro
de otro espacio
esta noche es solamente nuestra
viendo fundirse sombras.

Mientras las olas se rompen...
Mientras las olas se rompen...

Susurra en mi oído un deseo,
"lancémonos a la deriva". Presa
tu voz en mi cabeza, el beso
es infinito
esta noche y solamente nuestro,
"lancémonos a la deriva".

Volando aquí como lo hacemos
bajo las estrellas, encendidas
desde hace 13 millones de años, la vista
es hermosa
esta noche y solamente nuestra
bajo las estrellas.

Y todo lo pasado
y todo lo por venir
es nada para nosotros
juntos como uno solo
en los brazos del otro
tan cerca y tan lejos
para siempre como ahora
bajo las estrellas.


Feliz día del amor, Maga.

T. Q. M. * * *

martes, enero 27, 2009

Invitaciones martes 27 y miércoles 28, Torreón, Coah.

Le agradezco al novelista Jaime Muñoz Vargas por llamarme a participar en las pláticas que el Instituto Coahuilense de Cultura ofrecerá en Torreón hoy, martes 27 de enero, y mañana, miércoles 28, a las 8 de la noche. Invitamos cordialmente a la gente de la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango a visitar la sede regional del Icocult, ubicada en la esquina de las avenidas Colón y Juárez de la ciudad de Torreón, Coahuila. Muñoz Vargas redactó los siguientes textos de presentación.

Estimados amigos:

Espero que hayan arrancado muy bien el año.

Los invitamos a las actividades literarias del Icocult Laguna que hemos programado para la última semana de enero. Ojalá puedan acompañarnos. En los documentos adjuntos está la invitación icónica; abajo, el boletín, por si no desean abrir las imágenes. Recuerden que algunos de ustedes tienen un papel protagónico (como autores del colectivo) en la presentación del martes 27.

Un saludo cordial

Jaime Muñoz Vargas

rutanortelaguna.blogspot.com

Boletín

Ofrenda verbal para Enriqueta Ochoa

Varios escritores laguneros —por nacimiento o radicación— colaboraron para confeccionar el libro Coral para Enriqueta Ochoa, obra que será presentada el próximo 27 de enero a las 20:00 horas en el Icocult Laguna.

Como se sabe, la poeta torreonense murió a principios de diciembre de 2008 en la ciudad de México. Tenía 80 años y algunos meses antes gozó la fortuna de recibir un merecido homenaje nacional organizado en la capital del país. Asimismo, la editorial mexicana de mayor importancia, el Fondo de Cultura Económica, publicó su obra completa en un libro titulado Poesía reunida, lo que constituye sin duda el hito bibliográfico más importante que un lagunero haya marcado en la historia de las letras mexicanas.

Tras la muerte de la poeta se han sucedido diversos homenajes, y el Icocult Laguna ha querido sumarse a esos aplausos con una actividad que empata con el hacer de Enriqueta Ochoa: publicar un libro. Aunque pequeño en sus dimensiones, Coral para Enriqueta Ochoa contiene textos que evidencian el respeto, la admiración y el afecto que varios escritores de La Laguna tienen por la autora de Retorno de Electra.

La compilación, el prólogo y el cuidado de la edición correspondieron a Jaime Muñoz Vargas, asesor del área literaria en el Icocult Laguna. Los autores que colaboraron, con poemas o textos en prosa, son Angélica López Gándara, Antonio Álvarez Mesta, Daniel Lomas, Daniel Maldonado, Édgar Salinas, Enrique Sada, Fernando Martínez Sánchez, Frino, Gerardo de Jesús Monroy, Ivonne Gómez Ledesma, Jorge Valdés Díaz-Vélez, Julio César Félix, Luis Azpe Pico, Magdalena Madero, Nadia Contreras, Paulo Gaytán, Rosa Gámez Reyes-Retana, Saúl Rosales Carrillo y Vicente Alfonso. La entrada es libre. Habrá brindis.


Boletín

Conferencia sobre Literatura y responsabilidad social, con Gerardo de Jesús Monroy

Uno de los debates de más larga data en la historia de la literatura es el que plantea la esquemática disyuntiva entre el "arte purista" y el "arte comprometido". Para unos, los intelectuales no deben inmiscuirse en asuntos políticos ni ser voceros de nadie, salvo de su propia obra; para otros, la labor de quienes escriben debe estar estrechamente vinculada con el entorno donde nace la creación y denunciar atrofias que generan injusticia. De este tema conferenciará el escritor y periodista Gerardo de Jesús Monroy el miércoles 28 de enero a las 20:00 horas en el Icocult Laguna.

El ponente, quien nació en Monterrey en 1977, estudió ciencias biológicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Radica en Torreón, Coah. Asiste al taller literario coordinado por Saúl Rosales en el teatro Isauro Martínez y es, además, articulista. En 2005 fue becario del programa Jóvenes Creadores de Nuevo León en el área de letras. El Instituto Coahuilense de Cultura editó en 2007 su primer libro, una selección de poemas titulada Algunas hojas. Parte de su trabajo periodístico y literario puede ser leído en el blog http://erathora.blogspot.com.

Poeta y lector asiduo de literatura, Monroy es asimismo un avezado comentarista de la coyuntura política, sobre todo la internacional. Esa combinación de intereses lo ha llevado a reflexionar con hondura en el papel que juegan los intelectuales en la sociedad actual, pues parece que hay una inercia de desactivación del interés por lo político en los escritores. La discusión es larga y polémica. Hay que escuchar posiciones. La cita es en el Icocult Laguna (Juárez y Colón). Entrada libre. Habrá brindis.

jueves, enero 15, 2009

Hombres de guerra

No he recibido contestación de la revista a la cual envié desde hace semanas el siguiente artículo, de modo que lo publico aquí, "en exclusiva" para el blog. Sin embargo, antes de ir a mi artículo convendría que el lector tuviera presente una carta que en diciembre se imprimió como inserción pagada en La Jornada y que he copiado para mi blog en este enlace.

Hombres de guerra
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com

The spoof

Los lectores de La Jornada saben que el endocrinólogo de ascendencia libanesa Alfredo Jalife-Rahme es un incansable perseguidor del "sionismo", vocablo que asocia a las peores lacras del Estado de Israel. Ciertas personas encuentran intolerables las elucubraciones de Jalife; para ellas, la aportación del domingo 7 del último diciembre (Las guerras de Obama, Ambrose Evans-Pritchard y Robert Gates) fue la gota que derramó el vaso: el viernes 19 respondieron con una inserción pagada dirigida a los administradores y a los lectores del periódico, donde acusan de racista al autor de la columna Bajo la lupa y sugieren su separación de las páginas de La Jornada. Los científicos Alejandro Frank Hoeflich y Olivia Gall Sonabend se asumen como responsables de la carta, titulada Contra el antisemitismo y que incluye entre sus firmantes a colaboradores de La Jornada (Arnoldo Kraus, Soledad Loaeza, René Drucker-Colín, Margo Glantz) y a prominentes miembros del star system intelectual y empresarial (Enrique Krauze Kleinbort, Alejandra Lajous, Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Esther Shabot, Marta Lamas, Rosalbina Garavito, Juan Villoro y varias decenas de nombres famosos).

El día 7, Jalife-Rahme había consignado sus sospechas de que los atentados del 26 de noviembre de 2008 en Bombay, India, estuvieran directamente relacionados con la actual crisis económica mundial. Se atrevió a preguntar: "¿Propició la banca israelí-anglosajona la carnicería de Bombay con el fin de repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar? ¿Apuesta Ambrose Evans-Pritchard a una tercera guerra mundial para capitalizar los ahorros de los inversionistas en Estados Unidos y GB [Gran Bretaña]?"

La segunda pregunta se deriva de una presunción que el analista económico Ambrose Evans-Pritchard presentó como afirmación en el periódico inglés Daily Telegraph el 30 de noviembre (World stability hangs by a thread as economies continue to unravel): "Si la atrocidad [los atentados] impulsa ahora hacia el poder al líder nacionalista indio Narendra Modi del lado de un resurrecto partido Bharatiya Janata (BJP), el sur de Asia, una vez más, afrontará una competición nuclear entre India y Pakistán". Evans concibe otras amenazas de conflictos armados (China contra Japón) o de descomposición económica (Rusia), de forma tal que su recomendación para los inversionistas es la predecible: apostar por "aquellos países que tengan una democracia profundamente arraigada, un fuerte sentido de solidaridad nacional, una probada aplicación de la ley —y portaaviones"; y finaliza: "Estados Unidos y Gran Bretaña no lucen tan mal después de todo".

Al doctor Jalife lo escandaliza la alta velocidad con que el comentarista inglés deduce un escenario nuclear a partir del retorno de los nacionalistas al gobierno indio. La exposición de este contexto nos permite juzgar con mejor claridad la primera pregunta de Jalife: ¿propició la banca la carnicería de Bombay?; sin embargo, él tropieza en medio de su escándalo e incurre en proposiciones tan riesgosas como la de la guerra atómica de Evans-Pritchard. Unifica mediante un adjetivo híbrido a los sistemas financieros de Estados Unidos e Inglaterra (casi nadie aparte de él, en todo el mundo, emplea el término "banca israelí-anglosajona") y, cuando le toca defender sus tesis (¿Seré 'antisemita' en verdad?, 21 de diciembre), expresa tajante y hasta arrogantemente: "Hechos: quizá lo oculten o ignoren [los acusadores de Jalife], pero el 'mayor estafador del mundo', el 'banquero israelí' Bernie Madoff, maneja(ba) los fondos del Mossad" (el Mossad es la principal institución de inteligencia en Israel).

Por su manera de tratar el asunto de Bombay, el buen doctor había sido acusado de ejercer una labor desinformadora; al complicar al Mossad con Bernard Madoff en la trama de sus sospechas, terminó acreditando como cierta la acusación de indolencia. Los peces —este dicho circula entre pescadores— mueren por abrir la boca.

No se ha revelado hasta este momento, por ningún medio, ni una sola razón confiable para relacionar a Madoff con el Mossad; si la hubiera, Jalife no la muestra. En el colmo de la falta de pruebas, cándidamente pretende validar (21 de diciembre, artículo citado) como fuente de información a The Spoof, un portal de internet (thespoof.com) que sí traza la relación anhelada; sólo que el texto de referencia es —igual que todos los de The Spoof— satírico, paródico y enteramente ficticio, y así se avisa en el sitio con reiterados pies de página. Un compañero suyo en La Jornada, Adolfo Gilly, le hizo ver a Jalife que la traducción de spoof es broma, parodia, tomadura de pelo (sección El correo ilustrado, diciembre 22).

Otra fuente mencionada por el médico (El correo ilustrado, diciembre 23) es una incierta Sorcha Faal, una (supuesta) monja (no católica) cuyo currículo oficial —visible en el website whatdoesitmean.com— abarca desconcertantes estudios "sobre la estructura esotérica del ADN" (¡archirrequeterrecontrasic!, como gusta exclamar Jalife).

El buen doctor es un mal periodista. A partir de esta tomadura de pelo (spoof), sus lectores (suponiendo que todavía le quede alguno) no podrán pensar en él sin sentir pena. Se ha convertido en el hazmerreír de sus colegas.

Para ser sincero (en periodismo la sinceridad de quien opina debería ser una obligación), al comprobar los disparates de Jalife me paralizó la sorpresa; después me eché a reír por no cortos minutos, pero mi último estado fue de enojo. La izquierda hispanoamericana tiene a Jalife-Rahme por investigador serio, comprometido con la crítica al sistema capitalista global y con la defensa de causas poco atendidas por otros periodistas, como la resistencia de millones de ciudadanos a que las ganancias de la explotación del petróleo mexicano pasen a manos de unos cuantos particulares. Jalife es asesor para temas petroleros del líder social Andrés Manuel López Obrador —la bête noire de la prensa nacional— y podemos prever que su desbarre será aprovechado con presteza por los interesados de siempre en aminorar la importancia del movimiento que representa López Obrador. No necesitan demasiada astucia los enemigos de La Jornada para aprovechar, también ellos, el vergonzoso evento, ni le falta interés a esa clase pudiente prevenida hasta contra los rojos más tenues. Tampoco faltan interés y astucia a quienes, durante los últimos años, han hecho lo posible por extender entre la burguesía el prejuicio de que la vecindad de islamitas o árabes en las sociedades modernas implica un peligro para la cultura occidental.

Contra el "semitismo" antisemita

Lo dice Abraham Nuncio en un mensaje que La Jornada reprodujo el 26 de diciembre (El correo ilustrado); la causa de la carta del día 19 es "una anticausa: la del chantaje de un antisemitismo a modo inventado por los tiburones de la ideología glamorizada, las finanzas y la guerra". No estoy de acuerdo con otras formulaciones de Nuncio (los absurdos aplausos que en su imaginación les brindó Tel Aviv a quienes acusaron a Jalife), pero la descripción de "tiburones de la ideología glamorizada" les sienta bien a algunos de los que rubrican Contra el antisemitismo.

Dentro del Fórum de las Culturas celebrado en 2007 en Monterrey, el segundo de los debates, promovidos por Enrique Krauze, fue distinguido con esta interrogación: ¿es compatible con la democracia la religión musulmana? Uno echa de menos la celebración de debates similares donde no sólo a los musulmanes se les cuestione en relación con la democracia, sino también a la cristiandad y a la judeidad; después de todo, en aras de una defensa tremenda de la civilización cristiana se está inmolando desde hace 5 años a un pueblo del Islam. La guerra contra Irak fue condenada como ilícita por el Secretario General (1997-2006) de la ONU, Kofi Annan, pues Estados Unidos, el país agresor, no contó con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. ¿Es democrático el desprecio con que mira el imperio cristiano a la comunidad mundial? Por cierto que Krauze fue el más elocuente abogado en México de la invasión a Irak: durante sus entrevistas de 2003 con José Gutiérrez Vivó en el programa radiofónico Monitor, propuso que nuestro país ayudara a Estados Unidos a conseguir el visto bueno de la ONU hacia la anunciada excursión bélica de George Bush II; a cambio de la complicidad mexicana, el gobierno de Bush suscribiría con el de Vicente Fox un acuerdo migratorio que nos fuera favorable. Cambiar sangre por sangre, sufrimiento por sufrimiento, es lo que nos proponen defensores del occidente cristiano como Enrique Krauze, su hijo León, Jorge Castañeda o Claudio X. González. Sin embargo no he visto, a lo largo de estos años de guerra, ningún desplegado multitudinario en Letras Libres que reprenda a su director por la sorprendente sugerencia de permutar vidas mexicanas y muertes iraquíes.

En el número 57 (septiembre de 2003) de la revista dirigida por su padre, León Krauze Turrent presenta un experimento narrativo (Conversación en Al Qa'im), mediocre en lo literario y amarillo en lo periodístico, donde dos personajes, nombrados con pobre ingenio OBL y SH (¿de quiénes se tratará?), discurren cómo obligar a "rendir cuentas ante el Creador" a "los infieles, con sus aliados israelitas" (sic). Krauze Jr. hace suyo el sinsentido de Bush II y vincula con Al Qaeda a Saddam Hussein, y de pasadita a Bassar Al Assad: "yo ya he escondido lo que hay que esconder [...], sobre todo en Siria", se explaya SH. "Alá es grande: no todo el régimen de Assad teme a los perros americanos. No olvide usted al canciller Al-Shar'a. Pregunte a las personas correctas, y ellas le indicarán dónde encontrar lo que usted necesita para borrar del planeta a los americanos y hundir a los zionistas [sic] en el mar". León Krauze llega así a extremos comparables a los del libelo Los Protocolos de los Sabios de Sión, "panfleto antisemita creado en Rusia a fines del siglo XIX y utilizado en forma destacada por el régimen nazi, donde se acusa al pueblo judío de planear el control del mundo a través de todo tipo de acciones criminales", de acuerdo con el informado resumen incluso en Contra el antisemitismo. Sustitúyase "pueblo judío" por "pueblo árabe" y se obtendrá el retrato del antisemitismo contemporáneo: control del mundo, acciones criminales...

Semita —en esto no se equivoca Jalife (artículo de diciembre 21)— significa "perteneciente a los pueblos árabes y hebreos", porque árabes y hebreos tienen un padre común en la mitología bíblica: Sem, hijo de Noé. Cuando los Krauze, que se proclaman antibushistas, admiten junto a Bush la mentida conexión Osama Bin Laden-Saddam Hussein, no sólo cometen un error en calidad de investigadores: contribuyen, en medio de tensiones geopolíticas sumamente frágiles, a extender sospechas infundadas sobre los gobiernos medioorientales y sobre individuos cuyas acciones, para bien o para mal, le conciernen al mundo. Krauze Kleinbort y Krauze Turrent tienden velos sobre las dificultades auténticas y distraen al público con falsos problemas; distorsionan la realidad que viven los pueblos israelí y árabe (la realidad que afecta a los semitas, para decirlo en una palabra). Lo más peligroso: fomentan el miedo, el odio, el adormecimiento del raciocinio; inyectan prejuicios fanáticos en contra de palestinos, sirios e iraquíes: son, pues, culpables de antisemitismo. Objetivamente se convierten en sostenes de Bush, un líder que fue perjudicial para la sociedad estadunidense y para la sociedad humana. Los Krauze son hombres de guerra, no de paz.

Por desgracia, lo mismo tiene que decirse de otros firmantes de Contra el antisemitismo; por desgracia, algunos de ellos son judíos. Hombres de guerra y no de paz son los ya mencionados Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín; el monopolista del pan (y del PAN) Lorenzo Servitje; la columnista de La Jornada Soledad Loaeza; la columnista de Excélsior Esther Shabot; la esposa de Enrique Krauze y madre de León, Isabel Turrent; Francisco Martín Moreno, José Woldenberg, Guillermo Sheridan...

Hombro con hombro combatiendo junto a tan conspicuos promotores de Bush (perdón: de la civilización occidental) encontramos a intelectuales de nula importancia intelectual (el izquierdista ambidiestro Carlos Monsiváis) y a algunas personas cuyo comportamiento no tiene más explicación sino el haber sucumbido a ese chantaje precisado por Nuncio, el de ese "antisemitismo" que tan perfectamente sirve de escudo ideológico a Israel.

Ayer fue nochebuena. Murió Samuel Huntington.

Cuando las palabras dejan de significar

Haciendo gala de simpleza, Olivia Gall amonesta a Jalife (El correo ilustrado, dic. 26): "usted es libre de no coincidir políticamente hablando con Enrique Krauze o con Jorge Castañeda (La Jornada, 9, 10, 14 y 18/04/08), quienes por cierto muchas ocasiones no coinciden entre sí. Sin embargo, 'adereza' usted siempre esta opinión haciendo alusión a los dos apellidos de ambos. ¿Acaso insinúa que Krauze y Castañeda pertenecen a lo que usted llama 'la internacional neofascista liberal' (¿?, La Jornada, 9/04/08) porque son judíos? Eso, señor Jalife, es antisemitismo, y no nos confundamos, todo mundo [sic] sabe lo que significa".

Hay que abandonar esa actitud paranoide de creer que si nos llaman por nuestro nombre completo nos hacen blanco del racismo. Hace dos años Víctor Toledo mencionó el segundo apellido de Enrique Krauze (Todos somos mesías tropicales, La Jornada, 15/12/06) y, pese a ser la discusión por completo ajena a la problemática israelí, él también fue tildado de antisemita por el aludido. El psicoanalista judío Alberto Sladogna escribe (El correo ilustrado, 27/12/08): "si Alfredo Jalife-Rahme se dignara designarme con mi doble apellido: Sladogna Ceimann, no vería en eso muestra de antisemitismo. ¿Cómo podría tomar como antisemita que se me recordara —se mentara, en todos los sentidos— el apellido judío de mi madre? Por el contrario, es algo de orgullo". Y su carta un ejemplo de higiene mental, añado de mi cosecha.

No todos saben qué significa antisemitismo y Gall parece también ignorarlo. De saberlo, ¿por qué no utiliza términos más apropiados, como antijudaísmo o judeofobia? ¿Nos permite la doctora Gall suponer que se debe a la fama del vocablo? ¿A las crueles evocaciones que suscita y estimulan emocionalmente al lector para coincidir, sin mayor análisis, con su punto de vista? La "internacional neofascista liberal" en la que Jalife-Rahme embute a Castañeda y a Krauze es una válida construcción ficticia, cuya ironía alude a las internacionales comunistas, y la doctora, como hija de internacionalistas, debió haberse dado cuenta. Pero Jalife también incluye en dicha "internacional" a Roger Noriega, José María Aznar y Vicente Fox, ninguno de los cuales es judío. Eso no es antisemitismo, no nos confundamos. Los textos de Jalife tienen muchos defectos, pero el racismo no se encuentra entre ellos; por lo menos no en los que cita Gall.

No perdamos de vista el punto de partida fijado por los propios Gall y Frank: el artículo de Jalife del 7 de diciembre, que constituye su respuesta crítica al de Evans-Pritchard del 30 de noviembre. En este último se da por muy probable un enfrentamiento nuclear (nuclear showdown) entre India y Pakistán, y enseguida se recomienda dejar de depositar dinero en países inestables (India) para trasladarlo a países "democráticos" (Estados Unidos e Inglaterra). Jalife se pregunta entonces si a los atacantes de Bombay no los habrá animado la intención específica de provocar una fuga de capitales en dirección de un Wall Street más hambriento que nunca de inversores. Consideremos ahora el nudo con que el destino de Israel ha sido atado por sus gobernantes a Estados Unidos. Jalife no lanza acusaciones de criminalidad sobre el pueblo judío: se hace una pregunta sobre los gobernantes de Israel, o sobre el sistema financiero de Israel; en cualquier caso una pregunta legítima sobre las acciones de un segmento minúsculo de la gente en Israel, no sobre todos los israelíes ni mucho menos sobre todos los judíos. La "adscripción" judía —se señala en Contra el antisemitismo— "no es necesariamente religiosa ni es ideológicamente uniforme", a lo que añadiríamos: "y rebasa al Estado de Israel, y a cualquier parte en que para su análisis se descomponga el Estado de Israel, sea esa parte la faceta religiosa del Estado, su actividad política o su sistema financiero". Qué ironía: uno de los suscriptores de Contra el antisemitismo, Humberto Musacchio, caracteriza a Jalife (Antisemitismo, judaísmo, prejuicio y racismo, Excélsior, dic. 25) como alguien que "asocia sin escrúpulo términos como israelí y judío". Esa inescrupulosa asociación es trazada por la doctora Gall en su reprimenda a Jalife del día 26.

Ha sido alta la tempestad del mar que separa a Jalife-Rahme y a sus críticos. Ha sido revoltosa la polémica. Presiento que proseguirá por varios días más. Entre las participaciones más interesantes que han esparcido los diarios, se acerquen o no a mi propio punto de vista, detecto Contra el antisemitismo (Arnoldo Kraus, La Jornada, dic. 24) y Contra la judeofobia (Miguel Ángel Granados Chapa, Reforma, dic. 24). En internet, Acerca del desplegado en La Jornada "Contra el antisemitismo" (Fernando Sánchez Cuadros, portales Rebelión y Tlaxcala, rebelion.org y tlaxcala.es, dic. 21).

Ya debería haber concluido este artículo. Quisiera no agregar ni una palabra más, pero me estoy enterando, apenas en este instante, del bombardeo israelí sobre Gaza. 100 bombas. 300 muertos. 1500 heridos. Pero el día no ha terminado.

Leo estos números más grandes que yo y pienso: dejar fuera de la palabra semita a los árabes, es una primera forma de desaparecerlos.

G. J. M.

24-29 de diciembre de 2008.

Contra el antisemitismo

Inserción pagada que se imprimió en el periódico mexicano La Jornada el viernes 19 de diciembre de 2008 y cuyo texto retomó en internet el blog Vigilancia ciudadana (http://ciudadanospormexico.blogspot.com), a cargo de Olivia Gall.

“¿Propició la banca israelí-anglosajona (sic) la carnicería de Bombay con el fin de repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar?”, se pregunta Alfredo Jalife-Rahme en su columna “Bajo La Lupa” del 7 de diciembre en La Jornada. Jalife llega así a extremos comparables a los del libelo “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, panfleto antisemita creado en Rusia a fines del siglo XIX y utilizado en forma destacada por el régimen Nazi, donde se acusa al pueblo judío de planear el control del mundo a través de todo tipo de acciones criminales. El reciente ataque a hoteles y otros sitios públicos en Bombay afectó a miles de víctimas inocentes, provocó cerca de 200 muertes y ha sido reivindicado por un grupo radical islámico, los Deccan Mujahideen. Más tarde, Mohammad Ajmal Amir, el único terrorista capturado, reveló que los atacantes eran miembros de la organización militante Lashkar-e-Toiba, basada en Pakistán. ¿Acaso sugiere Jalife que esas organizaciones son el producto de los intereses judíos, intereses a los que él siempre homogeneiza y empalma con aquellos a los que él llama la banca israelí-anglosajona? Entre los muertos hay 40 musulmanes, al menos 6 judíos y gente de 10 países, incluyendo una ciudadana mexicana. El secuestro, tortura y asesinato de las víctimas tuvo al mundo en vilo por largas horas. En el contexto de esta carta, es importante señalar que uno de los blancos de los ataques fue la Casa Nariman, sede de la organización judía ortodoxa Chabad-Lubavitch, que incluye un centro educacional, una sinagoga, un centro médico para la prevención de la drogadicción y un hostal. El edificio fue secuestrado por un grupo de atacantes y fueron asesinados seis de sus ocupantes, quienes, con nombre, edad y nacionalidad, eran: Rabino Gavriel Holtzberg, 29, Israel; Rivka Holtzberg, 28, Israel ( esposa de Gavriel, embarazada de 5 meses y cuyo hijo de dos años fue salvado heroicamente por su nana hindú Sandra Samuel); Bentzion Kruman, 26, EUA; Rabino Leibish Teitelbaum, 37, EUA; Yoheved Orpaz,62, Israel; Norma Shvarzblat Rabinovich, 50, Mexico (http://en.wikipedia.org/wiki/Nariman_House). Un examen posterior reveló que la mayoría de las víctimas habían sido torturadas. Es pues relevante preguntarse: ¿Propiciaría en verdad la banca israelí-anglosajona (sic) la carnicería de Bombay con el fin de repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar?

Como lectores de La Jornada, un diario que se precia de defender la justicia y la verdad, creemos que es grave (y un amplio grupo de personas lo consideran así) que el Sr. Jalife-Rahme lleve años publicando su columna, utilizando información sesgada y mal intencionada, haciendo generalizaciones discriminatorias y procediendo a una sistemática campaña de desinformación en contra de un grupo muy variado de personas de diversas nacionalidades, con muy diversas tendencias políticas, pero cuyo “pecado” es su origen o su identidad judía, una adscripción que no es necesariamente religiosa ni es ideológicamente uniforme. Al igual que todos los actos terroristas, la tragedia de Bombay merece nuestra repulsa y condena. Al torcer la información acerca de este doloroso hecho de la manera en la que lo hace, el Sr. Jalife falta gravemente al respeto a las numerosas víctimas --musulmanas, judías y otras-- con sus absurdas especulaciones. Falta también al respeto a los propósitos que animan a La Jornada, a la inteligencia de sus lectores y a sus editorialistas serios e imparciales. Debe ofrecer disculpas a los familiares de los muertos, incluyendo a los de nuestra conciudadana, la Sra. Norma Schvarzblat.

Firmas

Aceves Navarro Gilberto; Aguilar Camín Hector; Aridjis Homero; Bauer Tapuach Michel; Berman Sabina; Berlioz Sergio; Bitrán Arón; Blancarte Roberto; Calderón Paco; Carbonell Miguel; Carrington Leonora; Castañeda Jorge; Castañón Adolfo; Chapa Martha; Cherbowski Arturo; Cherem S. Silvia; De la Colina José; Domínguez Christopher; Drucker Colín René; Ehrenberg Felipe; Escalante Fernando; Estrada Gerardo; Felguérez Manuel; Frank Alejandro; Frenk Margit; Garavito Rosalbina; García Agraz José Luis; García Sainz Adolfo; Garciadiego Javier; Glantz Margo; Gonzalbo Aizpuru Pilar; Gordon José; Granados Roldán Otto; Hiriart Hugo; Huerta David; Jiménez Cacho Jimena; Kaminer Saúl; Kraus Arnoldo; Krauze Enrique; Lajous Alejandra; Lamas Marta; Lazcano Antonio; Leff Enrique; Lisker Rubén; Loaeza Soledad; López Portillo Carmen; Lorenzano Sandra; Martin Moreno Francisco; Martínez Assad Carlos; Mastretta Angeles; Menassé Eliana; Meyer Jean; Meyer Pedro; Mochán Luis; Monsiváis Carlos; Monsiváis Galindo Guillermo; Moscona Myriam; Moshinsky Marcos; Muñiz Angelina; Murguía Verónica; Musacchio Humberto; Pacheco José Emilio; Pellicer López Carlos; Peralta Braulio; Pérez Tamayo Ruy; Pettersson Aline; Rivera Arturo; Rojo Vicente; Rubio Luis; Rudomín Pablo; Sefchovich Sarah; Seligson Esther; Schjetnan Garduño Mario; Servitje S. Lorenzo; Shabot Esther; Sheridan Guillermo; Stavenhagen Rodolfo; Turok Antonio; Turrent Isabel; Valenti Giovanna; Villoro Juan; Woldenberg José.

Acuña González Beatriz; Achar Judy; Achar Marcos; Achar Victor; Aguilar Roblero Rafael; Aizenberg Edna; Alatorre Silvia; Alazraki de Chenillo Sylvia; Alazraki Rita; Alberro Solange; Alcubierre Miguel; Alerhand David; Alerhand Miriam; Aliphas Amnon; Alonso Coratella Guadalupe; Alonso García José Antonio; Alonso Guadalupe; Alvarez Bejar Alejandro; Alvarez Herrasti Diego; Álvarez Lilian; Ambe Attar Isidoro; Amkie Jessica; Anabi Abraham; Antebi Alberto; Anuzita Z. Gotzon de; Arditti Ilán; Arias Ima; Askenazi Sutton Abraham; Attie David; Ayala Alejandro; B. Isaac; Baptista Lucio Pilar; Bargas José; Barrera Rubén; Bay Mercedes; Bazúa Fernando; Becerra Arturo; Becker Feldman Arie A.; Becker Vivian; Begún Arturo; Beja Familia; Bejar Moscona Gabriel; Bejar Picker Alexander; Bejar Picker Batya; Bejar Picker Nisso; Bendesky Andrés; Berger Miriam; Bergman Marcelo; Berman Feigue; Berman Moisés; Berman Mónica; Bernal Gloria Elena; Berruecos Joaquín; Bessudo Patricia; Betech R. Emilio; Bierzwinsky Seinder Guillermo; Birman Eduardo; Bizberg Ilán; Bleier Aída; Blejer Eder Daniella; Block Cabrera Malú; Bohigas Joaquín; Bottinelli Cristina; Botton y Beja Flora; Botton Beja Julio; Botton Burlá Flora; Bracho Carbajal Alberto; Bracho Felipe; Brodsky Marcelo; Bronsoiler Charlotte; Bronsoiler Henry; Broussi Carol; Broussi Jeannete; Buchwald H. Isaac; Buchwald Esther; Buchwald José; Bunge Carlos; Burstein W. John; Cabral Guillermina; Calderón Rosa; Camhi Rachel; Cassab Adel; Castillo-Nájera Oralba; Catarrivas Ivette; Cazes Abraham; Ciuk Perla; Clavé Eduardo; Cohen Asse Moises; Cohen Cohen Moises; Cohen Sacal Gania; Cohen Eduardo; Cohen Esther; Corenstein Becky; Corenstein Martha; Corichi Alejandro; Corona Dora; Cung Sulkin Paloma; Cung Cecilia; Czitrom Steven; Chadin Malvina; Charabati Esther; Charabati Freddy; Cheja Chaya Nissim; Cheja Mochon Carlos; Chelminsky Hilel; Chenillo Alazraki Paola; Cherem Abraham; Cherem David; Cherem José; Cherem Linda; Chmelnik Enrique; Chmelnik Iliana; D’Olivo Juan Carlos; Dalma-Weiszhausz José; Dana Karen; Daniel Zaldivar; Dayan Yedid Abraham; Dayan Allegra; Dayan Isaac; Dayan Jacobo;; de la Hoz Marianela; de Lara Gomís Sebastián; de santiago José; del Tronco Paganelli José; Derzavich Jack; Diazmuñoz Gómez Jesús; Domínguez Blanca; Dreyfus George; Druker Raquel; Dubson Ana; Dubson Arturo; Dychter P. León; Eichner Samuel; Elterman Z. Hilda; Estrada Saavedra Marco; Fainstein Daniel; Falomir Ricardo; Feinholz Dafna; Fernández-Macgregor Laura; Finkel Bitty; Fischer Deborah; Flaster de Solay Gita; Fleischer Hanna; Flisser Ana; Fortes Elena; Fortes Jaqueline; Fortes Mauricio; Franco Urquidi Ileana; Frank Katya; Frank Mauricio; Fridman Israel; Galicot Jaye; Gall Olivia; Galván Norberto; Garber Diana; García Briseño Julio; García Calderón Gastón; García Delgado Manuel; Garcia Martinez Raul Ivan; Gittler Zonana Rosa; Glatt Allan; Glatt Nelly; Glatt Taly; Gleizer Abel; Gleizer Daniela; Gojman Jezior Ana; Goldbard Enrique; Goldberg Diana; Goldin Daniel; Gomís Anamari; Gomís Pepita; González Mateos Adriana; Gonzalez Reimann Luis; González Gisela; González María; González-Camarena Marcel; Gorbach Frida; Gorinstein Vivian; Graisbord Boris; Graizbord Carlos; Green Marcos; Greter Patricia; Grez Jaime; Grimm Guillermo; Grinberg Z. Gerardo; Grinberg Mario; Grinberg Nathan; Grobeisen Noemí; Grobeisen Sharon; Grunberger Bertha; Grunberger Jessica; Grunberger Mary; Gugenheim Ariela K; Guillén Diana; Gulfrajnd Miriam; Gurvich Natalia; Guzik Orli; Haber Esther; Haiat Betina; Haim de Botton Dolly; Haime L. Luis; Haime Anita; Hamra Sassón José; Hamui Dabbah Familia; Hamui Picciotto Jeannette; Harad Hass Orli; Hernández Castillo Aída; Hernández Rodriguez César; Herrera Julio; Hesse Peter; Himelfarb Eduardo; Hirshfeld Bejar Jacklyn; Hirshfeld Linda; Hoeflich Martha; Hoffman Claudia; Hoffman Odile; Hoffs Annabelle; Huarte Cuéllar Renato; Huberman Alberto; Huberman Muñiz Rafael; Isaak Dinorah; Islas León D; Iszaevich Ofelia; Itzkowich Eduardo; Jacob José; Jacobs Barquet Patricia; Jinich Armando; Joffe Moisés; Joffe Raquel; Juárez W. Rebecca; Judisman R. Miguel; Kalach Kichik Regina; Kalb Ricardo; Karakowsky Yael; Katz Noé; Katz Peter; Kaufer Martha; Khan Elena; Khebzou Jessica; Kleiman Bertha; Korzenny Schneeweiss Miriam; Kozer José; Kraus Isaac; Kraus Ariela; Kraus Eitan; Laddaga Josefa; Ladelsky Isaac; Lan Agami Sisel; Lasky Benito; Lasky David; Lasky Donatella; Lasky Linda; Lemus Renato; Lerman Rebeca; Leventhal Susana; Levine Hela; Levy Marcos; Liberman Lillian; Lichi Jorge; Linder Aronowitz Saul; Lisker-Melman Mauricio; López Garza David; López Marcel; López- Morton Luis C.; Lorenzano Pablo; Marcovich Eva; Marcushamer Noemi; Margolis Aarón; Margolis Jacobo; Markova Nadine; Martínez Arturo; Martínez Gina; Massry Ema D.; Mayer Daniel; Mayer David; Megged Nahum; Melgar Palacios Lucía; Melman Szteyn Estela; Menassé Adriana; Menassé Aline; Menassé Sofia; Mendelsohn Quique; Menéndez González Fernando José; Merikanskas Mauricio; Meschoulam Uziel Mauricio; Metta Cohen Marcos; Meza Isaura; Michan Karen; Mileris Nurit; Milstein Tobele; Miller David; Molina Ana; Molina Mauricio; Mondlak Moisés; Montiel Elbin Teresa; Moscatel Issac; Mosches Eduardo; Moshinsky Moisés; Muller Dora; Muñoz de Baena Guillermo; Murow Esther; Murúa Beltrán Gall Sofía; Mustri Gabriela; Nagar M. Elias; Nanes Mauricio; Narvaez Talavera Vanessa; Nestel Manuel; Nissan Luna; Noriega Maria Elena; Nosnik Bronia; Nosnik Martha; Okon Elías; Okon Lázaro; Okon Yonatan; Ordorica Manuel; Ortiz Monasterio Leonor; Ortiz Marcos; Otamendi Araceli; Ovseyevitz Ruth; Pantoja Bertha; Pavlovich Gastón; Pech Cynthia; Perelman Luis; Perkulis Diana; Permuth Jaime; Pessarodona Marta; Picciotto José; Picker Schatz Ziva; Pisanty Alejandro; Politi Claudia; Politi Fani; Ponce de León Samuel; Porras Juancarlos; Portillo Isaura; Portnoy-Berner Jane; Presburger Rosa; Prieto Francisco; Puppo Giancarlo; Quevedo Hernando; Radosh Roxana; Rapoport Leonardo; Recht Benjamín; Richheimer Roberto; Richheimmer Mónica; Rivadeneyra Sil Giovanna; Robins Ostrowiak Hilda; Rodrigo Salazar Elena; Romano de Fasja Aurora; Rosenbaum Tamara; Rosenberg Alan; Rosenfeld Katz Sandra; Rosental Jane; Rosenthal Jacobo; Rosenthal Sore; Rubinstein Michel; Rubio Paulina; Rudman Pola; Russek Villalobos Daniel; Saadia Marc; Saba Miriam; Sacal Sara; Saed Grego Raquel; Saed Ivonne; Saed Amelia; Sáez Margarita; Sala Monovitz Alejandro; Samra May; Sarfati Mizrahi David; Sarnowm Eddie; Schatan Claudia; Schatz Jonathan; Schejtman Ilana; Schifter Gitta; Schyfter Guita; Sefchovich Flor; Shabot Z. Alfredo; Shabot José; Shabot Moisés; Shabot Raquel; Shabot Salomón; Shade Eunice; Shapiro Alejandro; ShapiroAlta K. de; Sheimberg Abraham; Shein K. Janet; Shein Max; Shein Rosa; Shterm Mark; Silva Ricardo; Simpser Boris; Slomianski Isaac; Snaiderman Benjamin; Sod Daniel; Sod Jordi; Solari Ana; Sonabend Adam; Sonabend Fanny; Sonabend Roberto; Sotelo Schmelkes Quetzalli; Spenser Daniela; Stark de Bialostocky Elena; Staropolsky Frida; Staropolsky Mardoqueo; Steinberg Eny; Stepensky Estela; Stepensky Saúl; Stern Claudio; Stern Judy; Stern Julio; Stillman Patsy; Suárez Paulina; Sudarsky Daniel; Sussman Roberto; Sverdlin de Radosh Silvia; Szurmuk Mónica; T. De Aderman Susy; Tagüeña Julia; Tanur Daniel; Tarragona Margarita; Tayan David; Temkin Benjamín; Tiktin Esther; Tiktin Moisés; Tiktin Ruth; Torenberg-Gelemovich Jenny; Torres Manuel; Treistman Guillermo; Trottner Tamara; Turbiner Alexander; Turok Kipi; Turquie Esther; Tyrtania Leonardo; Unikel S. Alejandro; Unikel-Fasja Mónica; Urow Diana; Valdés Ugalde Francisco; Valencia García Jorge; Valle Santillero Leolinke; Varela Petit Gonzalo; Varón Victoria; Villegas Paloma; Viskin Jacobo; Viskin Nathan; Vit Laura; Vit Pedro; Vizcaíno Suárez Adriana; Waisser R. León; Wapinsky Jacobo; Wasserman Kurt; Weinstock Moises; Wertman Paulina; Wincour Mariana; Woldenberg Sara; Wolf Bernardo; Wolff Hirsch Ilana; Woloski Zev; Yankelevich Pablo; Yeger Perla; Yoselevitz Lysette; Zack Dubovoy Celia; Zaga Hazan Olga; Zagury Ana; Zajdman Roni; Zaldívar Alcántara Daniel; Zaltzman de Ruby Amy; Zaslavsky Danielle; Zavala y Alonso Manuel; Zonana Aron; Zonana Moses A.; Zondowicz Jaime; Zukerman Moisés.

Responsables de la publicación: Alejandro Frank y Olivia Gall.

miércoles, enero 07, 2009

Rescatando al soldado Bush

Mi artículo de este mes.

Rescatando al soldado Bush
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com

Antes de abandonar la presidencia de Estados Unidos, George Bush II estuvo de visita el domingo 14 de diciembre en el país que invadió y destruyó: Irak, donde miles de norteamericanos y un millón de iraquíes han sido masacrados. No bien hubo pisado Bagdad, el presidente-emperador ofreció una conferencia de prensa, pero ésta fue interrumpida por uno de los concurrentes al hacerse escuchar con fuertes voces: ¡aquí va un regalo de parte del pueblo iraquí; toma tu beso de despedida, perro! Los dos zapatos del hombre pasaron rasando las orejas de Bush mientras el primer ministro de Irak, Nouri Kamal Al-Maliki, se aprestaba a proteger el rostro del “gringo” con sus manos. ¡Esto es de parte de las viudas, de los huérfanos y de todos los que han muerto en Irak!, volvió a escucharse un grito árabe. Mal recobrados de su desconcierto, los guardias de Bush se echaron sobre Muntazer Al-Zaidi, de 29 años, iraquí y quien se desempeña como reportero del canal de televisión por satélite Al-Bagdadiya.

Hasta aquí los hechos. Lo que sigue son las interpretaciones de los hechos.

El director de Milenio Diario, Carlos Marín, es autor de una columna, El asalto a la razón, en la que repasó el incidente de Bagdad el martes 16 (“Secuela de los zapatazos”), el jueves 18 (“Espadazo al zapatocaso”) y el viernes 19 (“Las quebradas de Al-Zaidi”). La perezosa columna de Marín rara vez se extiende más allá de dos o tres breves párrafos, pero los días 18 y 19 fueron especialmente relajados para el columnista, pues limitó su trabajo a copiar un artículo del periódico español El Mundo (“Periodismo descalzo”, miércoles 17) firmado por Arcadi Espada. Las frases de Espada seleccionadas por Marín dicen —después de calificar como “mamarrachada” la acción de Al-Zaidi—: “[...] yo no habría salido de la cárcel de haberme comportado con el mismo lujo desinhibido que mi colega [Al-Zaidi]. No me faltaron (ni me faltan) ganas. Pero, obviamente, el periodista que en una rueda de prensa se instala ante mentirosos, corruptos o asesinos no debe quitarse los zapatos [...]. Muntazer Al-Zaidi no hizo otra cosa que quebrar un sagrado principio de su oficio: la imposibilidad de convertirse en noticia”.

¿Y quién será este espadachín del periodismo —se pregunta el lector mexicano—, quién será este caballero Espada que diagnostica de “mamarracho” a un iraquí exasperado y descalzo? ¿Dónde siguió las lecciones de ética que en buena hora viene sentenciosamente a darnos?

El académico y el fotógrafo

El periódico Excélsior, que publicó el 1 de diciembre una entrevista con él en el suplemento Código topo, presenta a Arcadi Espada Enériz (Barcelona, 1957) como un “académico y periodista que acostumbra a reflexionar del tema [sic] [del terrorismo] con tono sentencioso, crítico y sólido [sic]. El estudioso de la comunicación y profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, aunque muchas veces polémico (como cuando publicó críticas a una fotografía realizada por el premio Pulitzer Javier Bauluz) ha sido colaborador de diarios como La Vanguardia, Diario de Barcelona, El País y, actualmente, El Mundo”. Marín agrega en Milenio que el blog* de Espada es “muy respetado y popular en España”.

En tanto que generalizaciones cuya finalidad es introducir aceleradamente a la clientela mexicana en el universo de Espada (un universo reducido, ya lo veremos), podemos dar por válidos los enunciados de Milenio y Excélsior que acabamos de citar. Pero el lector inquisitivo nos obliga a ser más precisos; nos obliga a contestarle, por ejemplo, ¿qué críticas hizo Arcadi a Javier Bauluz y por qué Excélsior las relaciona con un supuesto carácter “polémico” de Espada?

Bauluz había recibido en 2001 el premio Godó de fotoperiodismo, por la captura de la imagen de un hombre y una mujer que se asolean en una playa de Cádiz frente a un inmigrante muerto. La imagen fue publicada en el suplemento El Magazine, del diario catalán La Vanguardia, y en la portada del New York Times. Arcadi, en su libro Diarios, premio Espasa de ensayo 2002, reprodujo la foto sin permiso de Bauluz y se refiere burlonamente a él como “demiurgo imprescindible” y “hombre bondadoso dedicado profesionalmente a los destruidos”, además de hablar de la “docilidad que hace grandes a los tipos como Bauluz, capaces de cazar como si fueran conejos a dos desapercibidos bañistas que puede que estén rezando en silencio ante el cadáver de un inmigrante [...]; por fortuna, el cadáver no era de un pobre blanco: ni Bauluz habría sacado tanto provecho”. Espada acusó a Bauluz de excluir de su fotografía deliberadamente al personal del Estado encargado de recoger el cuerpo, así como de inducir la ilusión de proximidad entre la pareja y el cadáver.

Excélsior dice que el “académico y periodista” es “polémico”; no lleguemos a tanto: Arcadi, simplemente, es mentiroso. Como nunca proveyera pruebas de sus acusaciones en contra del fotógrafo, el Consell de la Informació de Catalunya resolvió en mayo de 2003 que las declaraciones del académico sobre Bauluz son “falsas, injustas y fuera de toda razón” y vulneran el código deontológico de la profesión periodística de Cataluña. Espada, todavía hoy, recuerda a veces en sus artículos el conflicto con Bauluz y sigue rumiando su ira y su desvergüenza.

Pero además está el señalamiento hecho a Muntazer Al-Zaidi por haber quebrantado el “sagrado principio” del periodismo que es “la imposibilidad de convertirse en noticia [...] construyéndola él mismo con su propia acción calculada. Despreciando el fact (hecho) y abrazando su corrupción, el factoide: un hecho que sólo existe si se exhibe”. Pues bien: no otra cosa hizo en Girona el “académico y periodista” (y político) Espada el 5 de junio de 2006, cuando al frente de la asociación Ciutadans de Catalunya actuó con provocaciones en contra del movimiento independentista catalán. Espada, otros Ciutadans así como sus rivales independentistas sufrieron agresiones físicas y verbales, pero la prensa española recogió sólo las quejas de los Ciutadans y nadie las de los Maulets (la juventud independentista catalana).

El asalto a la razón

Desinformado por las “versiones oficiales”, Carlos Marín desinforma a sus lectores. En su columna del viernes 19 dice: “tres días después de su temerario lanzamiento [Al-Zaidi] escribió al primer ministro de su país reconociendo: «es ahora demasiado tarde para lamentar la enorme y fea acción que perpetré», pero «le pido su perdón...»”. Sin embargo un hermano de Muntazer, Uday, entrevistado por Al-Bagdadiya, desmintió a las presidencias norteamericana e iraquí —en cuyos “partes” fundamenta Marín sus artículos—: “mi hermano acaba de decirme que nunca mandó excusas al gobierno”. Muntazer, asegura Uday, no se arrepiente de lo que hizo.

Se quejan Marín y Espada de que en “la habitual orgía hipócrita” no se diga nada (!) “como es natural” (?) sobre el uso alevoso que le habría dado el iraquí a su oficio: “Muntazer Al-Zaidi le tiró sus zapatos a Bush porque llegó a colocarse a pocos metros de él, y el acceso a esa distancia, tan confianzuda y campechana, se lo dio su oficio de periodista”. Pero ¿quién si no un periodista tiene en Irak la posibilidad de lanzar a la cara del emperador esas verdades puntiagudas que no quisiera saber? ¿No se han dado cuenta el español y el mexicano de la grave crisis humana por la que, como por una herida, sangra nuestro planeta; crisis social mundial de la que George Bush II es el culpable más notorio?

En una situación de enfermedad y veneno, de honda agonía como la que atravesamos, ¿no se ha alargado demasiado la hora de mantener nuestro “guardar las formas”? ¿Seguiremos perpetuando el divorcio entre el periodista y el ciudadano? ¿En qué momento se castró a los periodistas para que no reconocieran el derecho a la rebelión, un derecho que se gana más allá de la cortedad de la ley?

George Bush, que debería responder a un tribunal por sus crímenes contra la humanidad, pasará en libertad el resto de sus años, gozoso de salud, henchido de riquezas. El joven periodista que expresó, no digamos la indignación propia de un ser humano reflexivo, sino la ineludible cólera de una criatura viviente, el joven periodista está en la cárcel, culpable del delito de arrojar un zapato.

*Blog: cuaderno de apuntes que se actualiza al gusto del autor a través de internet.

lunes, enero 05, 2009

Carta a los adultos

En los años recientes se han sucedido incesantes manifestaciones en varias ciudades de Grecia, sobre todo en Atenas. Los convocantes han sido anarquistas y comunistas, pero quienes participan en las protestas y marchas proceden de todos los orígenes; unos tienen una conciencia de clase muy desarrollada, pero otros apenas comienzan a interesarse por la sociedad y la política. En su mayoría son jóvenes desempleados, trabajadores mal pagados y estudiantes preocupados por la sombría perspectiva de su futuro.

Grecia era uno de los países más pobres de Europa; y sigue siéndolo, aunque su pobreza se oculte bajo los índices macroeconómicos, aparentemente benignos
. La economía es más pujante, pero muy pocos sienten los favores de la pujanza. La brecha entre ricos y pobres se ha vuelto demasiado amplia. Con la integración del país a la Unión Europea, los políticos han presionado a los ciudadanos para que consientan la privatización de los servicios públicos (la educación entre éstos) y la adopción de medidas de “flexibilidad laboral” (un eufemismo cuyo verdadero significado es la desmejora de la situación del trabajador). Además, como sucede siempre en épocas de “ajuste”, no han faltado manos que rebusquen en el río revuelto para ver qué pueden pescar; la corrupción salpica tanto a quienes ocupan hoy el poder como a sus opositores de derecha y de izquierda, ha dado lugar a escándalos muy sonados y la población desconfía de todos los partidos políticos. Y mientras la riqueza se ha ido concentrando en las arcas de los poderosos, los jóvenes, para sobrevivir, tienen que aceptar las precarias condiciones de trabajo que el capital les ofrece. La tasa de desempleo juvenil es la más alta de la Unión Europea, 23%. El 20% de los jóvenes griegos vive por debajo de la línea de pobreza.

La noche del sábado 6 de diciembre, enmedio de una marcha juvenil en el centro de Atenas, el policía Epaminondas Korkoneas disparó contra uno de los manifestantes, un adolescente de 15 años simpatizante del anarquismo llamado Alexandros Grigoropoulos. La muerte de Alexis liberó la furia que el pueblo había estado acumulando y reprimiendo. Las protestas se intensificaron durante diciembre. El Fondo Monetario Internacional está reconociendo que la oleada de revueltas anticapitalistas se expandirá fuera de Grecia si la pésima distribución de la riqueza mundial no es corregida.

La Federación Griega de Estudiantes de Enseñanza Superior puso a circular entre los asistentes al funeral de Alexis una carta escrita por amigos del muchacho. Algunos medios de comunicación de otros países la han reproducido; en México lo hizo sólo la edición de Puebla de Milenio, pero su versión se oye poco natural, demasiado “españolizada. Yo no domino ningún idioma, ni siquiera el mío, pero como pude traduje la carta a partir de la versión en inglés que hay en el sitio de Michael Lavalette, concejal socialista de Preston, Inglaterra. Consulté otras versiones ligeramente distintas que hallé en otros sitios y la versión en francés que hay en el blog de Fabienne Dounas, quien llevó la carta a su idioma directamente desde el griego. Conocidos-desconocidos (γνωστοί-άγνωστοι, gnostoi-agnostoi) es una expresión utilizada por los mass media de Grecia para definir a las personas que han respondido a la represión policial con una violencia injustificada que ha vuelto antipático el levantamiento juvenil a mucha gente. Los gnostoi-agnostoi suelen ir encapuchados. Existen antecedentes (bien lo sabemos en México desde 1968) de que los manifestantes más violentos son muchas veces agentes provocadores pagados por la policía.

El
“título (que en realidad no es tal cosa, sino más bien una explicitación, una dedicatoria) es de mi invención. Creo que así nos quedará más claro, hipócrita lector, la distancia que nos separa a ti y a mí de estos muchachos. Y sin embargo, no hace mucho tiempo tú y yo también éramos jóvenes...

* * *

A LOS ADULTOS.

QUEREMOS UN MUNDO MEJOR. AYÚDENNOS A CONSTRUIRLO.

No somos terroristas. No llevamos capucha. No nos llamen “conocidos-desconocidos”.

SOMOS HIJOS DE USTEDES.

Somos sus “conocidos-desconocidos”.

Soñamos —No asesinen ustedes nuestros sueños.

Tenemos fuerza —No paralicen nuestra fuerza.

HAGAN MEMORIA.

Un día ustedes también fueron jóvenes.

Ahora persiguen el dinero, les interesan los “aparadores”, están gordos, se han quedado calvos.

HAN OLVIDADO.

Esperábamos que nos apoyaran, esperábamos que se involucraran, que por una vez nos hicieran sentir orgullo.

PERO NO SUCEDIÓ.

Ustedes viven vidas de mentira, con la cabeza abajo, los pantalones abajo y simplemente esperan el día de la muerte.

No imaginan, no se enamoran, no crean.

Venden y compran. Eso es lo que hacen.

APEGO POR LO MATERIAL EN TODAS PARTES. AMOR EN NINGUNA. VERDAD EN NINGUNA.

¿Dónde están los padres?

¿Dónde los artistas?

¿Por qué no salen a la calle?

¿Por qué no nos protegen de las balas?

LOS ADULTOS ESTÁN MATÁNDONOS.

AYÚDENNOS. SOMOS SUS HIJOS.

LOS JÓVENES.

P. D: No nos echen más gases lacrimógenos. SABEMOS llorar solos!

domingo, enero 04, 2009

Racistas

Soy racista de la paz:
gente de ojos azules asesina,
gente de ojos negros mata,
gente de pelo rizado destruye,
gente de pelo liso dinamita,
gente de piel morena desgarra mi carne
gente de piel rosada derrama mi sangre.

Sólo los carentes de color
sólo los transparentes son buenos
porque me dejan dormir por la noche sin temor
y ver a través de ellos
el cielo.

Soy racista... Así dijo Yehuda Amijai (en hebreo יהודה עמיחי), uno de los más notables poetas judíos contemporáneos entre los que escogieron la lengua hebrea como lengua de escritura. La traducción al castellano se debe a Raquel García Lozano y la pueden leer en la antología Un idioma, un paisaje, que recoge la obra de Amijai hasta 1989.

Amijai nació en Wurzburgo, Alemania, el 3 de mayo de 1924. Su infancia y su adolescencia transcurrieron en los días de espanto de Hitler. La familia, amenazada por la expansión nazi como todas las familias judías, emigró a Palestina en 1935. Durante la Segunda Guerra Mundial, Yehuda fue soldado de la brigada judía del ejército británico. Descubrió la poesía en esta época, un día que examinaba los libros rescatados de un incendio. Tras la derrota del Eje Berlín-Roma-Tokio, Yehuda continuó combatiendo, ahora en apoyo de la fundación de Israel. Más tarde tomó clases de literatura en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabajó como profesor de preparatoria. Su experiencia en combate lo marcó profundamente para toda la vida, y algunos de sus textos más memorables se refieren a la vida del soldado. Murió de cáncer en el año 2000. En Israel se le considera uno de los más grandes poetas nacionales.


¿Qué habría pensado, sentido y dicho Amijai si hubiera alcanzado a saber de los crímenes que en 2009 está cometiendo en Gaza el Estado que vio nacer, el país que contribuyó a crear, Israel? Creo que lo que habría dicho es lo que dijo, lo que está contenido en el poema que acaban de leer. Un rasgo lamentable de ver en una comunidad tan vigorosa como lo es la judía —rasgo decepcionante y peligroso, para los judíos y para quienes se sitúan cerca de ellos— es que, después de la Shoáh (el genocidio hitleriano, que significó una pérdida de más de seis millones de judíos durante la última guerra mundial), muchos judíos, sobre todo los judíos israelíes, se contemplan a sí mismos como el Único Otro. La cultura cristiana está condenada a girar interminablemente en torno al círculo vicioso pecado-arrepentimiento; por eso mismo, los miembros de la civilización cristiana vemos en el otro (el prójimo) a un recipiente de nuestras acciones: le hemos causado placer o daño y le tenemos que pedir perdón. En cambio, los judíos que apoyan la masacre del Estado israelí no son capaces de verse más que como víctimas. Se ven a sí mismos como sobrevivientes de la Shoáh; son víctimas perpetuas y el mundo no ha acabado de saldar sus cuentas con ellos.

Al contrario de muchos israelíes y de muchos judíos, el poeta Amijai —en el texto anterior y en otros— no se mantuvo ciego; reconoció que el judío podía ser opresor y verdugo, ni más ni menos que un nazi, un árabe o un romano. Y dije el poeta Amijai porque no puedo saber qué habría pensado el ciudadano israelí Yehuda Amijai sobre la política actual. ¿Habría apoyado a su gobierno? Quiero pensar que no; pero esto ya no importa: el ciudadano Amijai está muerto. Pero los poemas de este hombre muerto son tan importantes como las palabras de un hombre vivo porque aprendió a ver al otro y fue capaz de darse cuenta de que el hijo de la víctima de ayer podía convertirse en el verdugo de hoy: el musulmán, el judío, el estadunidense, el ruso, el chino, el mexicano... Ese pueblo inocente de piel descolorida —no existe: su existencia es un ruego, o una fantasía. No podemos encontrar ninguna religión, clase, raza o etnia que se haya salvado de cometer un crimen. Todos hemos sido víctimas. Todos somos, o seremos, culpables.

sábado, enero 03, 2009

Sumer: música árabe con intérpretes iraquíes y europeos

Así como uno recolecta de niño las piedrecitas de formas raras que va encontrando mientras camina, en mis largas correrías por YouTube y sitios semejantes he ido guardando los enlaces de algunos (¡muchos!) de los videos que descubro más o menos al azar y me gustan. Tal vez en una visita al De Efe pueda comprar los discos a los que pertenecen, o más probablemente me veré obligado a conseguirlos de otra manera, porque no siempre es música de la que se vendan miles y miles de copias (al menos en México, y en otros países estoy seguro de que tampoco es así).

Hará cosa de año y medio, andaba buscando algún documental sobre Sumeria, donde nació la civilización. No sabía si iba a encontrar nada, simplemente era una mañana ociosa. Y bueno, encontré esta maravilla. Ya no seguí buscando películas sobre los orígenes de la cultura, olvidé este propósito por completo.


Lo que encontré fue hermosa música. Se trata de Sumer, una agrupación fundada en Gotemburgo, Suecia, en 1996. El nombre del grupo no sólo hace referencia a Mesopotamia, sino —de acuerdo con el sitio culturebase.net— a una diosa iraquí de la antigüedad pagana. Talal Ismail, el director, de nacionalidad iraquí, es un experto en los misterios de su tradición musical. Sus compañeros vienen tanto de Irak como de los países escandinavos. El repertorio de Sumer consta principalmente de música folklórica árabe, sobre todo de composiciones del siglo XX.
Las vocalistas, Marianne (de Noruega) y Anna (sueca), no hablan árabe, pero han logrado que su interpretación sea verosímil gracias al entrenamiento de Talal Ismail.

Voy a compartir dos videos con ustedes. Marianne Holmboe es la vocalista en Ghariba, una canción iraquí, muy triste, muy dolorosa, acerca de la maternidad. Al igual que en muchas culturas, entre los árabes gritar ¡oh mamá! (‘ya youm’, ‘ya yumma’) expresa aflicción, denota un sentimiento de pequeñez cuando se sufre por algo cuyo control no está en nuestras manos. La evocación de la madre es una petición de amparo y de fuerza. Esta canción está inspirada por la pérdida de una madre.

Ghariba

Mamá, háblame.
Mamá, respóndeme.

Te extraño
y es insoportable mi sentimiento.

Soy un extranjero abandonado
que extraña la mirada de amor de tus ojos.

Mi vida perdió el norte, se ha extraviado.
Madre, háblame y hazme entender.

Soy un extranjero abandonado
que extraña la mirada de amor de tus ojos.

Tú sabías cuando estaba alegre
y cuando estaba triste.

Si me tocaba tu calidez, me llenaba de vida.
Extraño tu cuidado amoroso y tierno.

Soy un extranjero abandonado
que extraña la mirada de amor de tus ojos.

Las largas noches cuando te desvelabas
cuidando de mí.

Sacrificabas tu vida
para mantener la enfermedad lejos de mí.


Esta otra pieza tradicional iraquí se titula Mandal Dallouni (Enséñame el camino)
. Es una canción de amor no correspondido. La cantante es Anna Ottertun y ella misma realizó la transcripción para guitarra, que suena un poco influida —dice Anna en el video— por las obras de Carl Mikael Bellman, uno de los compositores suecos más importantes del siglo XVIII.

Mandal Dallouni

Necesito un carruaje que me devuelva a casa.
Por favor, enséñame el camino.

Mis ojos y mi corazón me preguntan
:
¿por qué tanta añoranza y tristeza?


Hubiera sido mejor no amarlo
,
debí haber sabido que me causaría dolor.

Desde que nos separamos

soy la sombra de lo que era
.

Necesito un carruaje que me devuelva a casa.

Por favor, enséñame el camino.

Mis ojos y mi corazón me preguntan
:
¿por qué tanta añoranza y tristeza?



Enlaces:

www.abusoona.com

www.s
umersong.com

www.myspace.com/sumermusic

jueves, enero 01, 2009

Nuestro enemigo

Él está tranquilo, yo también
sorbe un té con limón,
bebo un café,
es lo único que nos distingue.
Él lleva, como yo, una camisa holgada a rayas,
yo hojeo, como él, los periódicos de la tarde.
Él no me ve cuando miro de reojo,
yo no le veo cuando mira de reojo,
él está tranquilo, yo también.
Pregunta algo al camarero,
pregunto algo al camarero...
Una gata negra pasa entre nosotros,
acaricio su noche
acaricia su noche...
Yo no le digo: Hace bueno,
está despejado.
Él no me dice: Hace bueno.
Él es el observado y el observador
yo soy el observado y el observador.
Muevo la pierna izquierda
mueve la pierna derecha.
Tarareo una canción,
tararea una canción parecida.
Pienso: ¿Es el espejo en que me veo?

Entonces le miro a los ojos,
pero no le veo...
Abandono el café aprisa.
Pienso: Quizá sea un asesino, o quizá
uno que habrá pensado que yo soy un asesino.

Él tiene miedo, ¡y yo también!

Él está tranquilo es el título de este poema del palestino Mahmud Darwix. Pertenece a su libro No te disculpes. La traducción al castellano se debe a Luz Gómez García y apareció primero en el diario español El País (6 de mayo de 2006) y luego en el conjunto Poesía escogida 1966-2005 (2008, editorial Pre-Textos).

Casi siempre se transcribe el nombre del autor como Mahmoud Darwish, Mahmud Darwish o Mahmoud Darwich (en árabe, محمود درويش), pero creo que la solución más acertada es la que propone Gómez García: escribir Mahmud Darwix, porque “el fonema árabe /ʃ/, que se escribe ش, no existe en castellano”; la equis “refleja para el castellanohablante de forma aceptable el sonido árabe, pertenece a nuestro alfabeto y tiene indudables virtudes poéticas”. Si lo anterior no fuera satisfactorio para algunos, sepan que el mismo poeta aprobó esta escritura de su apellido; “de acuerdo”, le dijo a la traductora, “en inglés con sh, en francés con ch, en español con x”. La pronunciación es aguda, con el acento en la segunda sílaba, al contrario deDarwin.

Mahmud Darwix nació en Al-Birwa el 13 de marzo de 1941. En junio de 1948, los aldeanos de Birwa, obligados por el recién creado Estado de Israel, huyeron hacia Líbano. Dos años más tarde, la familia del entonces niño Mahmud se reintrodujo clandestinamente al territorio de su nacimiento, para encontrar que la aldea había dejado de existir. Este periodo de la historia palestina se conoce como Nakba (‘catástrofe’), es decir el éxodo palestino de 1946-1948.

La existencia del niño Mahmud y la de muchos palestinos de todas las edades era negada oficialmente por Israel. Todo palestino que no hubiera estado presente en el censo levantado por Israel en 1949 carecía de reconocimiento jurídico, se convertía en un ‘infiltrado’, un ‘fuera de la ley’ y ¿qué se hace con los ‘fuera de la ley’, en cualquier parte? Se les persigue y se les castiga. La familia de Mahmud los envió a él y a sus hermanos a estudiar a Deir Al Ásad y Kafr Yasif. “Allí sufrió”, refiere Gómez García, “esta realidad de existir sin existir, que le obligaba, a mitad de clase, a correr a esconderse en las grutas de los alrededores cuando el vigía alertaba de la llegada de los guardias israelíes”.

Muy joven ingresa en el Partido Comunista de Israel. Fue arrestado en numerosas ocasiones a causa de su actividad política. Se exilia en Moscú, El Cairo y Beirut, donde se adhiere a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y permanece como miembro de ella casi toda su vida.

Es el autor de la Declaración de Independencia de Palestina (1988), lo que le valió el sobrenombre de
poeta de la resistencia.

Falleció el 9 de agosto de 2008 en un hospital de Houston, Texas.

Luz Gómez le ha consagrado un blog, http://mahmuddarwix.blogspot.com. Los aliento a que lo visiten.

* * *

No sabemos qué está pasando en Gaza. Sólo tenemos una idea lejana. Los periódicos no sirven para nada más que para atiborrarse de ignorancia, para leer estupideces como: “Los ataques continuados con cohetes de Hamás hacia Israel deben terminar si se quiere poner fin a la violencia. Hamás debe terminar sus actividades terroristas si desea jugar un papel en el futuro del pueblo palestino. Estados Unidos urge a Israel que evite víctimas civiles en sus ataques a Hamás en Gaza” (Gordon Johndroe, portavoz de la Casa Blanca;
La UE pide un alto el fuego inmediato en Gaza, El País, 27 de diciembre de 2008, información de agencias).

Israel ya estaba disparando misiles contra Gaza desde noviembre, mientras los televisores distraían al mundo con las banales elecciones presidenciales de Estados Unidos. El motivo alegado por Tel Aviv fue impedir la construcción de un túnel que —según ellos— Hamás podría haber utilizado para secuestrar soldados israelíes. Este acto significó una ruptura de la tregua a la que se habían comprometido los bandos en conflicto. Murieron suficientes palestinos como para que la resistencia palestina reemprendiera los lanzamientos de cohetes contra Israel.

En siete años, diecisiete personas han fallecido como consecuencia de los cohetes palestinos. Tres días de ataques de Israel contra Palestina (27-29 de diciembre de 2008) dejan detrás de sí más de trescientos muertos.

Pero aun si sabemos esto (y pocos lo sabemos), seguimos sin saber qué está pasando en Gaza, porque hay un conocimiento que sólo viene de haber perdido a un hermano, a una esposa o a un hijo enmedio de una guerra.

Lo que dice el poema de Darwix es: nos parecemos mucho a nuestro enemigo. En lo amable y en lo odioso. Nos parecemos del todo.

¡Nos parecemos tanto que no deberíamos ser enemigos!

No podemos ser enemigos de nosotros mismos.

¿Podemos?

jueves, diciembre 25, 2008

Acerca de Jesús

... En su Vida de Jesús —ese delicioso quinto evangelio que podría titularse El Evangelio según Tomás— dice Renan que la obra suprema de Cristo consiste en haber sabido conservar, aun después de muerto, el amor que había poseído en vida. Y verdad es que, si bien Su puesto está entre los poetas, también hacia Él se dirige el cortejo de los amantes. Él reconoció que el amor es el secreto primordial del mundo, el secreto buscado por los sabios, y que únicamente por medio del amor es posible llegar al corazón del leproso y a los pies del Señor.

Mas por encima de estas consideraciones, Cristo aparece como el mayor de los individualistas. La humildad, como aceptación artística de todas las experiencias, no es sino un medio de manifestarse. Lo que Él persiguió siempre fue el alma del hombre. Se refiere a ella como “el reino de Dios” y la descubre en cada uno de nosotros. La compara con una muchedumbre de nimiedades: con una semilla, con una partícula de levadura, con una perla; y es porque uno sólo puede formarse su alma desprendiéndose de todas las pasiones extrañas, de toda la cultura adquirida, de todo lo que se posee externamente, lo mismo de lo bueno que de lo malo...
(Leído en De profundis, de Oscar Wilde.)

martes, diciembre 16, 2008

El caso del Poema de Mio Cid

Mercè Romaní*
Rebelión
15 de diciembre de 2008


La honestidad intelectual es lo que cuenta

Hay una investigación dentro de mi especialidad que me ha tenido en suspenso, me ha preocupado, más que ocupado, a lo largo de todo el tiempo en que he sido profesora de Literatura. En los años setenta, justo antes de empezar a dar clases, leí un estudio sobre el Poema de Mio Cid (en adelante PMC) que me deslumbró y me inquietó. Se trata de un trabajo de sólo cien páginas (y digo sólo porque entre los eruditos de temas literarios hay mucha afición a llenar cientos y cientos de páginas para decir muy pocas cosas de interés, o nada) en las que Colin Smith, un hispanista (investigador en literatura e historia española), profesor de Cambridge, daba un vuelco total a las teorías vigentes sobre la fecha de composición y la autoría del PMC. Lo hacía con un rigor extraordinario y con unos planteamientos nuevos respecto al propósito de la obra, su estructura y su sentido. Se traslucía una labor de años sobre el manuscrito, incluyendo el análisis químico de las tintas, y el resultado ponía en evidencia las manipulaciones que había sufrido el documento en manos de los estudiosos. Hasta aquí doy razón del deslumbramiento. ¿Y la inquietud? Pues residía en la autoridad inmensa de quien quedaba desacreditado: don Ramón Menéndez Pidal.

Antes de seguir conviene recordar que Menéndez Pidal es uno de los intelectuales eminentes de la tradición liberal y regeneracionista (la de los que se proponían modernizar España), que participó en organismos relacionados con los principios de la Institución Libre de Enseñanza, fue director del Centro de Estudios Históricos y presidente de la Real Academia Española desde 1925 hasta su muerte en 1968 a los casi cien años, con la interrupción que va desde el final de la guerra civil (1939) hasta 1947. Pasó la guerra en el extranjero y tardó después ocho años en ser readmitido en España a pesar de que durante la República había participado en publicaciones derechistas y manifestaba un fuerte nacionalismo español, pero tenía demasiados amigos comprometidos con la República. (La actitud de Franco en este caso no es nada de extrañar si pensamos en el caso de Cambó, que murió justo antes de poder entrar en España en el mismo año 47 a pesar de haber contribuido a sufragar el “glorioso Levantamiento”; sus compromisos con ciertos catalanistas podían ser también un estorbo para “hacer limpieza”). Tampoco hay que olvidar que Menéndez Pidal inaugura, por decirlo así, la filología científica con la observación de las regularidades fonéticas en la evolución del castellano (Gramática histórica). Con esta información se hacía difícil de creer, tal como dejaba claro Colin Smith, que se hubiera dedicado a retocar con su propia tinta ciertos finales de verso del manuscrito para que el lenguaje quedara más antiguo, como del siglo XII y, aun más sorprendente, que defendiera la existencia de una C (de cien) en la fecha, que en realidad no estaba. En el colofón del manuscrito (llamado explicit) donde dice, modernizado, “lo escribió Per Abat en 1207”, leía 1307. De manera que Per Abat tenía que ser un copista del s. XIV de un texto antiguo del s. XII.

Las teorías de Menéndez Pidal aparecían en los libros de texto de bachillerato hasta bien entrados los años noventa: un juglar de San Esteban de Gormaz compuso el primer cantar (El destierro) hacia1120, pocos años después de la muerte del Cid real (1099). En 1140 otro juglar de Medinacelli refundió el anterior y compuso los dos restantes (El cantar de las bodas y La afrenta de Corpes) de carácter más novelesco. Esto situaba el PMC como contemporáneo, o incluso anterior, al gran cantar de gesta francés, La canción de Roldán (en términos traducidos) y explicaba la abundancia de detalles históricos, geográficos, legales, de costumbres, etc. por la proximidad de los hechos narrados a los que ocurrieron en realidad. Lo que llama la atención es que las localidades de los supuestos autores se determinara con pruebas tan endebles como expresiones lingüísticas propias de estos pueblos, pero no exclusivas de los mismos, ni mucho menos.

Colin Smith se opone a estas teorías. De entrada presenta los datos que se conocen sobre Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid histórico, y distingue claramente lo que son datos históricos de lo que es el poema. Por ejemplo, el autor del poema convierte los distintos destierros y rifirrafes entre el rey Alfonso VI y Rodrigo Díaz en un solo conflicto, con gran sentido estético. También suprime el hecho de que el desterrado emprendiera la conquista de Valencia con permiso del rey moro de Zaragoza a cuyo servicio se encontraba (a pesar de que lo delata su apodo; cid significa ‘señor’ o ‘jefe’ en árabe), introduce elementos de los llamados novelescos desde el primer cantar (la niña de nueve años que va a hablar ella sola con las huestes del Cid, guerreros armados, para decirles que no les pueden ofrecer alojo en Burgos debido a las amenazas del rey: “perderemos los ojos de las caras...”; el engaño al matrimonio judío: el héroe castellano pide al matrimonio de prestamistas una cantidad módica de dinero a cambio de que le guarden un cofre lleno de riquezas, en realidad lleno de pedruscos del camino, con la condición de que no lo abran hasta pasado un año, etc.). Es cierto que muchos de los nombres geográficos son verídicos y señalan, más o menos, las zonas de los hechos reales, pero esto responde a una estética realista basada en datos que se conocían. Por otra parte, algunos datos históricos, así como muchos detalles legales, de costumbres, etc. pertenecían o eran sólo posibles a principios del siglo XIII, en correspondencia con la fecha consignada en el manuscrito, si se leía correctamente, 1207. Por ejemplo el reino de Navarra, citado así en el texto, se llamaba reino de Pamplona en 1140. Que Menéndez Pidal subordinara su teoría a un enfoque historicista y dejara de señalar las incongruencias históricas con las fechas que él daba resulta decepcionante.

Según Smith, el autor es Per Abat, pues su nombre está consignado como el que escribió el libro junto a una fecha que se ha demostrado que encaja con todo. No es la fecha de copia, sino de composición. Para defender que el PMC es de un autor único,y culto, Smith se basa en la unidad de estilo y en la de estructura. El poema empieza con un primer plano del héroe llorando en un momento bajo, bajísimo,en el que va volviendo la cabeza para ver su casa abandonada y fijarse en lo que no hay: puertas sin candados y perchas sin mantos, ni pieles. Sale desterrado, sin honra y sin bienes. Empieza así:

“De los sos ojos tan fuertemiente llorando”

Y acaba con el verso:

“Los reyes d’España sos parientes son”

Se trata de una recuperación de la honra y de un ascenso social a través de hechos perfectamente pautados y bien distribuidos. Una serie de pequeños hitos acaban en un punto culminante. En el Cantar del destierro, una serie de victorias contra pequeños pueblos musulmanes culmina con la victoria sobre un rey cristiano, Ramón Berenguer. La conquista de Valencia en el Cantar de las bodas culmina con la visita en persona del rey Alfonso, su perdón y su apadrinamiento de los condes de Carrión como maridos de las hijas del Cid. El poema podría acabar aquí, pero para que el rey sea un gran antagonista es necesario que siga. Las fechorías de los condes en el tercer cantar culminan con la afrenta de Corpes, el maltrato a sus esposas. El rey ha quedado en falta respecto al Cid por apadrinar a semejantes cobardes (la situación ha dado la vuelta) y el héroe está en condiciones de exigir una reparación a un nivel más alto (las mujeres, por supuesto, ganan o pierden la honra a través de sus padres o maridos, no son sujetos jurídicos). Solicita la convocación de unas Cortes en Toledo. Así que el Cid recupera la honra delante de todos los reyes de España (la España cristiana) y sus hijas son pedidas en matrimonio por hijos herederos de los reyes de Navarra y Aragón. [Éste último dato es verídico. El Cid se hizo muy rico por la única vía entonces posible: el pillaje que suponía la guerra. Y, según parece, este personaje histórico nunca perdió una batalla].

También difieren ambos estudiosos en la interpretación del propósito, o significación ideológica. Lo que para el erudito español es el gran poema de la Reconquista, de la cristiandad contra los musulmanes, para el hispanista inglés es el poema nacional de Castilla, a través de este héroe que se hace a sí mismo. De hecho, la guerra no aparece como una Guerra Santa, es un medio para ganarse la vida. Cuando el Cid recibe a su mujer y a sus hijas dice estar muy contento porque ellas “afarto verán por los ojos como se gana el pan”. Y, por lo que se refiere a cuestiones nacionales, los leoneses aparecen como cortesanos soberbios y cobardes. Los catalanes, como personajes bien vestidos y calzados, en comparación con las botas rústicas de los castellanos, y más bien ridículos con ese rey dispuesto a mantener una huelga de hambre cuando se ve vencido y a la que renuncia ante la promesa hecha por el Cid de liberarlo si le concede el placer de verlo comer. Promesa que cumple. Los judíos son engañados y los musulmanes hostigados y vencidos (en este caso hay excepciones, pues aparecen algunos moros amigos). Sólo los castellanos, víctimas de una traición inicial, poseen las virtudes viriles propias de la épica: valentía, responsabilidad, esfuerzo, ánimo frente a la adversidad, lealtad, religiosidad, que encarna, sobre todo, el héroe. No es de extrañar que esta obra siga levantando tanta expectación, ya sea entre americanos, rusos, e incluso catalanes, a pesar de ser tan nacionalista castellana, y aun en época de pujanza de los valores femeninos. Es de una gran belleza y sus valores son viriles, pero no machistas. Sobre todo, si comparamos este poema con otros poemas europeos, en los que domina la desmesura, podemos apreciar hasta qué punto la virtud máxima del cantar de gesta castellano es la mesura, el tomar decisiones con prudencia. Sólo en los treinta años, en los que de vez en cuando me he asomado a esta discusión, se habrán publicado más de cien obras entre ediciones y estudios sobre el PMC.

Ni Pidal, ni Smith, surgen de la nada. El primero sigue la tradición romántica de Gastón París. Los cantares de gesta son construcciones populares que pasan por muchas manos y van tomando forma en sucesivas versiones. Manifiestan así el auténtico espíritu de un pueblo. El segundo sigue la llamada corriente individualista de Bédier, que defiende los cantares de gesta como obras individuales de un poeta, cuyo nombre a menudo no se ha conservado, y admitiendo que cada juglar y cada copista, por despiste o por comodidad en la interpretación, introduce pequeños cambios. Por eso Smith califica con benevolencia en alguna ocasión a Pidal de último juglar. Pero hasta sus ediciones más recientes mantiene la disensión con los retoques pidalianos. Las razones por las que Pidal los hizo no parecen ser otras que por dogmatismo y vanidad (Smith no usa términos tan duros; son míos): para que el manuscrito se adaptara a sus teorías. Y todo ello sustentado por un nacionalismo profundo: España contaba con un gran cantar, no tan regular métricamente como el de los franceses (aunque él se molestó en regularizar bastantes fragmentos), pero tan o más antiguo que el de ellos y con un valor histórico muy superior. Smith no ha sido el primero, ni el último en defender lo que defiende, pero lo ha hecho con un rigor, una coherencia y un enfoque global tan adecuados que merece un lugar importante dentro del hispanismo. Lugar que se le ha negado por poner en evidencia a un gran valor patrio. Evidencia que no estaba tan oculta pues el mismo Pidal admitió en algún momento que había anticuado el texto como si fuera lo más natural. El señor Pidal era propietario del manuscrito. Lo tuvo en su casa durante muchos años -¡qué menos que darle un toquecito de vez en cuando!- hasta que la Fundación March se lo compró en 1960 y ésta lo donó al Estado español. Ahora reposa en la Biblioteca Nacional (Madrid).

A todo eso, yo iba esperando que hubiera un cataclismo desmitificador. En un país más puritano se hubiera bajado a don Menéndez Pidal de su pedestal (con perdón por el ripio). Espera inútil. Algunos se alineaban discretamente con Smith; otros, con Pidal. Lo más frecuente era que los distintos estudiosos pasaran como sobre ascuas por las manipulaciones pidalianas, ni hablaban de ellas. Muchos seguían usando la edición de Pidal, dedicándole su trabajo, invocando su memoria, pero al mismo tiempo iban aceptando casi todos los planteamientos de Smith. El caso más paradigmático es el de Montaner, una edición de la editorial Crítica, auspiciada y prologada por Francisco Rico, que en su versión para especialistas es de las de cientos de páginas. Pretende sentar cátedra sobre el estado de la cuestión y reconoce las dos figuras aquí tratadas como las más representativas. La dedicatoria y los respetos son para Pidal. En cambio defiende que la fecha de composición es de principios del siglo trece, que el autor es único y culto, que se trata de una obra literaria con referencias históricas y no de un documento de valor histórico con elementos novelescos. En lo único en lo que está totalmente en desacuerdo con las ideas de Smith es en que el autor sea Per Abat. Para él, es un copista. A mí, modestamente, me parece que si se admite que una parte de la frase “lo escribió Per Abat en 1207” es muy posiblemente la fecha de composición, hacen falta argumentos y pruebas muy contundentes para admitir que la otra mitad de la frase no se refiera a quien compuso la obra. Lo que hay que demostrar es aquello que no parece evidente. Y esto, a mi entender, no se consigue. Es cierto que no ha aparecido una prueba contundente como la del caso de La Celestina: se encontraron unos legajos de un juicio por cuestiones de judaísmo en el que el acusado declara ser el suegro de Fernando de Rojas, famoso autor de La Celestina. Así que era cierto lo que ponía en los versos acrósticos que abren la obra (el nombre del autor se puede leer usando la primera letra de cada verso). Y los eruditos se quedaron compuestos y sin más especulaciones que hacer al respecto. Volviendo a la edición de Montaner, llama la atención que Smith quede desacreditado cuando se han aceptado más o menos la mayoría de sus propuestas, pues sólo destaca el punto de Per Abat como autor, diciendo que ya casi nadie apoya su tesis, ni él mismo. Esta afirmación me extraña. Más bien me consta lo contrario.

Lo que me consta es que del trabajo de Colin Smith, la editorial Cátedra ha hecho veinte ediciones en esos treinta y pico años, frente a una, dos o tres ediciones existentes de cada uno de los otros autores que han presentado el PMC. Desde luego, este erudito no ha conseguido ser marqués, como Menéndez Pidal, ni creo que le importara lo más mínimo, pero sí ha conseguido que los profesores de las universidades confiaran en él, que los estudiantes lo estudiaran. (Ha aparecido una revista sobre cuestiones de literatura española, dirigida a profesores de instituto, llamada Per Abat). El trabajo que tanto me admiró, supongo que ha admirado a mucha gente. Seguir aferrado a las ideas de Pidal o invocar su figura como ejemplo intelectual a seguir por aquello de que “rescató el hispanismo de las manos extranjeras en las que hasta entonces había estado” me parece de un nacionalismo rancio. Y es triste que la aceptación de hecho que manifiesta el consumo de la obra de Smith no se haya traducido en un reconocimiento oficial. La idea me quedó confirmada esta pasada primavera en mi último trimestre como profesora de instituto. Formaba parte yo de un tribunal de acceso a cátedra y tuve ocasión de examinar a una aspirante, especialista en el PMC, en su datación precisamente. Emocionada y llena de respeto por alguien que había trabajado seriamente sobre algo que me interesaba, le pregunté qué opinaba sobre las dataciones de Colin Smith y Pidal. Ella, muy inteligentemente, no se decantó por ninguno y salió por la tangente. Después hablé en privado con ella y me dio a entender que mi pregunta tocaba un terreno minado y que por si las moscas era yo pidalista había contestado como lo hizo. Me contó además que a ella le encargaron recibir y acompañar a Colin Smith en una estancia que hizo en Barcelona, un año antes de su muerte. Se lo encargaron a ella, que ni siquiera estaba en la Universidad. Además tuvo dificultades para encontrar aulas para las conferencias. Había resistencias.

Por mi parte, cuando me sentí un poco segura como para explicar este asunto, según lo entendía, ya no existía, prácticamente, la literatura en los programas, y menos podía entretenerse uno con el PMC, ese poema que habla de hombres y de Castilla, y menos con temas eruditos como la datación. Así que agradezco esta oportunidad de clase magistral (¡qué lejos queda esta palabra!) para rendir mi pequeño homenaje a esa especie de brigadista internacional del hispanismo que se metió a lidiar en las aguas turbulentas de un país, que no aprecia demasiado la inteligencia ni la verdad, con la honestidad intelectual como arma arrojadiza.

* Mercé Romaní es catedrática de Literatura Española del IES Puig Castellar, de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), y profesora-tutora de la UNED.

viernes, diciembre 12, 2008

Enriqueta, este otoño

Si me voy este otoño
entiérrame bajo el oro pequeño de los trigos,
en el campo,
para seguir cantando a la intemperie.
No amortajes mi cuerpo.
No me escondas en tumbas de granito.

Mi alma ha sido un golpe de tempestad,
un grito abierto en canal,
un magnífico semental
que embarazó a la palabra con los ecos de Dios,
y no quiero rondar, tiritando,
mi futuro hogar,
mientras la nieve acumula
con ademán piadoso
sus copos a mis pies.

Yo quiero que la boca del agua
me exorcise el espíritu,
que me bautice el viento,
que me envuelva en su sábana cálida la tierra
si me voy este otoño.

Hace unos días
intentaba, con mi mala memoria, recordar ciertas palabras, ciertos versos. Como de mi concentración no conseguía nada, busqué el poema en internet, aproximándome a la frase original a través de mis imperfectos tanteos. Ese azar dispuso que me enterara de la muerte de Enriqueta Ochoa, aunque varios días habían pasado desde el triste suceso. No fue una noticia que acaparara las primeras planas de los periódicos, aunque ella fue la mejor poeta mexicana de nuestros tiempos. Digo la mejor poeta deseando no pensar en las categorías de hombres por un lado y mujeres por otro: Enriqueta es la mejor, independientemente de su género sexual e independientemente de que haya nacido torreonense.

En un artículo reciente de la revista Cultura de Veracruz escribí:
Ella es una de las poetas que verdaderamente podemos llamar así, poeta, sin abusar de la palabra. Un día, cuando aprendamos a leer sin los prejuicios de las celebridades y las literaturas, descubriremos que antes que Octavio Paz, que Rosario Castellanos, que cualquier otro desde Gorostiza, fue Enriqueta Ochoa la poeta mexicana más extensa y más urgente”. Perdónenme por el mal gusto de citarme a mí mismo. Aquí finaliza la cita.

Repito que su poesía es más arrebatada y desbordante que la de Rosario Castellanos, más sostenida y vigorosa que la de Octavio Paz; y estoy diciendo a dos autores —Castellanos, Paz— a los que acudo una y otra vez, a los que suelo leer, que me conmueven, que son queridos por mí. Pero Enriqueta tiene una imaginación más ávida de una dimensión sobrenatural; su lengua poética vibra e indaga en la negrura humana con serpenteos mucho más atrevidos, más curiosos, y es dadora de versos mucho más inquietantes que los de ningún otro poeta mexicano
—hombre o mujer, norestense o sureño, enano o gigante— de la segunda mitad del siglo XX.

Pero no quiero ser mezquino, y trazando comparaciones uno se vuelve inevitablemente mezquino. Lo que me cae mal es que sus poemas no se lean con la misma asiduidad que los de autores que no están por encima de ella.

Y sin embargo, gracias
—tal vez— a esta ignorancia, su partida fue más discreta, y eso está bien; debe de ser odioso morir en medio de los reflectores de la televisión, como le ocurrió a Paz. Enriqueta se fue al final del otoño, como presentía que iba a pasar. El campo, el agua, el viento, van a recibirla con dulce modestia, bajo la fiesta viva de los pequeños trigos. Después de todo, no es la muerte lo que debe de ser una noticia; sino la vida, la perenne vida.